Ascensión del Señor
La glorificación de Jesús es el preludio de la glorificación de los miembros de su Cuerpo Místico, la Iglesia, llamada a continuar su misión en la tierra
San Bernardino de Siena
Santo franciscano e incansable predicador, propagó la devoción al Santísimo Nombre de Jesús. Consideraba que esta devoción era necesaria para revivir la fe: «Esta es mi intención, renovar y clarificar el nombre de Jesús, como era en la Iglesia primitiva»
San Celestino V
Había consagrado su existencia a Dios, viviendo buena parte del tiempo como ermitaño
San Juan I
Murió por amor a Cristo y a la Iglesia después de las duras privaciones sufridas en prisión
San Pascual Baylón
Fue llamado el “Serafín de la Eucaristía” por la devoción angelical con la que se acercó y habló de la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada
San Ubaldo de Gubbio
Pronto maduró el deseo de consagrarse a Dios, distinguiéndose por un espíritu de oración y castidad
San Isidro Labrador
Es invocado como patrón de los agricultores y los cultivos. Gregorio XV lo proclamó santo en 1622 junto con cuatro grandes figuras de la historia de la Iglesia: Francisco Javier, Ignacio de Loyola, Teresa de Ávila y Felipe Neri
San Matías
Fue llamado a reemplazar a Judas el Iscariote inmediatamente después de la Ascensión. Por lo que Matías participó con los otros apóstoles y María Santísima en el extraordinario acontecimiento de Pentecostés
Virgen de Fátima
El 13 de mayo de 1917, Lucia dos Santos, de 10 años, Francesco Marto, de 9 años, y su hermana Jacinta, de 7, vieron aparecer a una Señora vestida de blanco...
Santos Nereo y Aquiles
Nereo y Aquiles fueron dos soldados romanos que se convirtieron al cristianismo. Su martirio probablemente ocurrió alrededor del año 300. La reforma de 1969 estableció para Nereo y Aquiles una memoria facultativa en el Calendario General Romano, distinta de la de san Pancracio, otro glorioso mártir recordado hoy
San Juan de Ávila
Místico y Doctor de la Iglesia, precursor y consejero del Concilio de Trento, modelo de sacerdotes y «figura profética», como lo definió Pablo VI










