San Landerico de París por Ermes Dovico
ENTREVISTA / CURTI

“Gaudí, un genio que se definía a sí mismo como colaborador del Creador”

“Gaudí diseña con un método que es antiguo y nuevo a la vez, creando una obra capaz de entrar en la historia de la salvación”. Con motivo del centenario de la muerte del creador de la Sagrada Familia, la Brújula Cotidiana ha entrevistado a la arquitecta Chiara Curti, autora de varios libros sobre el venerable español.

Cultura 10_06_2026 Italiano

Hoy, 10 de junio de 2026, exactamente cien años después de la muerte de Antoni Gaudí, León XIV celebrará la Misa en la Basílica de la Sagrada Familia y bendecirá la Torre de Jesús.

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“De todas las cosas que he hecho en la Sagrada Familia a lo largo de los años, la más constante ha sido ir a su tumba”. Arquitecta milanesa y una de las mayores expertas a nivel internacional en Antoni Gaudí, Chiara Curti ha encontrado en Barcelona su segundo hogar. Presidenta de la Associació Cultural Antoni Gaudí, se doctoró en Ciencias Humanas e Historia del Arte por la Universidad CEU San Pablo y ha trabajado en la obra de la Sagrada Familia. Además, cuenta en su haber con varias publicaciones sobre el “arquitecto de Dios” traducidas a varios idiomas, entre las que merecen ser mencionadas La Sagrada Familia. Catedral de la Luz; Mi Gaudí. La biografía escrita por sus amigos (ambas editadas por Triangle Books) y Gaudí vivo, una nueva biografía para Ediciones Ares que se publicará con motivo de la visita de León XIV a Barcelona los días 9 y 10 de junio de 2026. La Brújula Cotidiana (La Nuova Bussola Quotidiana en su edición original en italiano) la ha entrevistado con motivo del centenario de la muerte del venerable Gaudí (25 de junio de 1852 – 10 de junio de 1926).

¿Cuándo descubrió a Gaudí y qué la impulsó a querer profundizar en su genio artístico?
En la universidad no había oído hablar de Gaudí. Al llegar a Barcelona, ante la dificultad de no encontrar trabajo como arquitecta, se me abrieron muchas puertas precisamente hacia él. Desde allí me pidieron inicialmente que ayudara al arquitecto director de las obras de la Sagrada Familia, Jordi Bonet, organizando algunas visitas en italiano para personalidades del mundo eclesiástico, y posteriormente que montara una exposición sobre Gaudí. En concreto, el escultor japonés Etsuro Sotoo y el ilustre investigador y biógrafo Joan Bassegoda me introdujeron en el mundo artístico del gran genio catalán. En cierto sentido no fui yo quien buscó a Gaudí, sino que fue casi Gaudí quien me buscó a mí.

¿Qué rasgos de su personalidad le fascinan especialmente desde el punto de vista humano antes que artístico?Sin duda, el hecho de que yo procedía de una escuela de arquitectura muy intelectual, mientras que Gaudí era muy humano. Quizás ésta sea una de las razones por las que nunca gustó a los intelectuales, ni a Gaudí le gustaban ellos. De ahí que, a través del conocimiento de la vida y la obra de Gaudí, comprendí poco a poco que no me estaba convirtiendo en una mejor arquitecta —que era mi objetivo cuando estudiaba un nuevo perfil de maestro de la arquitectura—, sino en una persona mejor, una mejor esposa y madre. Esto fue una novedad para mí.

Si tuviera que describir a Gaudí con solo tres sustantivos y adjetivos, ¿cuáles elegiría?
Un amigo espiritual, un arquitecto genial, pero también un niño eterno, que siempre supo conservar el asombro como los niños.

Usted ha estudiado e investigado los testimonios de los amigos de Gaudí para la redacción de una biografía: ¿nos cuenta alguno?
Un episodio que me impactó mucho es su relación con Miguel de Unamuno, a quien se podría considerar “el influencer de la época”, ya que era rector de la Universidad de Salamanca —la más famosa de España— y escribía en todos los periódicos latinoamericanos. A él no le gustó nada la Sagrada Familia. Cuando Gaudí se encuentra con él, en lugar de entrar en polémicas explicándole las razones que subyacen a ese proyecto arquitectónico, le propone jugar juntos: “Mire, sé que usted es muy bueno haciendo figuritas de papel. Yo también voy a intentar hacerlas, ¡podemos hacerlas juntos!”. De este modo, Antoni reorienta una relación que había empezado con mal pie —los obreros pensaban que pronto podrían llegar a las manos—, ya que este gran intelectual circulaba por la obra de la Sagrada repitiendo: “¡No me gusta, no me gusta!”. Y Gaudí, detrás de él, le imitaba con ironía: “¡No me gusta, no me gusta así!”. Así pues, en esta situación tan incómoda, Gaudí supo encontrar un punto de encuentro para seguir siendo amigos, manifestando así su grandeza al ser capaz de salvar siempre las relaciones. Creo que ésta es una cualidad propia de un santo, al igual que santa Teresa, a quien incluso las novicias que más antipatía le tenían consideraban la mujer que más las había hecho sentir amadas. Del mismo modo, Gaudí consigue crear este mundo de paz en el que se puede convivir aunque se tengan ideas diferentes; un mundo que se necesita tanto hoy en día, en una sociedad tan polarizada por grandes antagonismos.

La Sagrada Familia es un templo expiatorio y, como tal, se construye gracias a las donaciones de todos, por lo que aún hoy su construcción avanza al ritmo de los recursos disponibles. Por otra parte, su arquitecto solía repetir al respecto: “Mi cliente es Dios y Dios no tiene prisa por realizar su obra”.
Gaudí afirmaba que su “comisionista” no tenía prisa, aunque la obra se situara en un momento histórico de gran crisis económica. Sin embargo, la economía expiatoria no fluctúa al compás de la economía real, porque depende también de la generosidad de un único donante que puede manifestarse en cualquier momento. Aún hoy, la Sagrada Familia vive de quienes entran en ella como turistas y salen como peregrinos: se ha convertido en la principal atracción no solo de Barcelona, sino quizás de toda España. A pesar de algunas críticas, el hecho de que los ojos de todos estén puestos en esa magnífica catedral revela que el mundo contemporáneo también tiene esta necesidad vital.

¿Cuáles son las invenciones arquitectónicas más geniales de Gaudí que aplica concretamente en este grandioso proyecto?
Gaudí diseña con un método que es a la vez antiguo y nuevo, en el sentido de que construye por partes completas, edificando una iglesia que en su momento no podía construirse, con la esperanza de que, gracias a las nuevas tecnologías, se llevara a término más adelante.

Por lo tanto, la novedad está representada precisamente por esa esperanza en el futuro, en un momento histórico particularmente difícil si pensamos en la Gran Guerra, en las revueltas que ensangrentaron España y en la propia “Barcelona de las bombas”. Creo que su capacidad para concebir una catedral que, para ser construida, habría necesitado un mayor desarrollo tecnológico, pone de relieve su esperanza en el futuro, en las generaciones venideras, en la historia buena del mundo. Estamos ante una característica propia de un santo.

¿Cuál es el papel de la luz en la concepción arquitectónica de la Sagrada Familia, que usted ha definido acertadamente como la “catedral de la luz”?
Gaudí devuelve al centro el sentido religioso del hombre. Desde los tiempos de Stonehenge, la luz siempre ha sido para todos los hombres la forma en que Dios se manifiesta en el mundo. Con mayor razón, una catedral es el lugar de la luz, por estar orientada al este, donde nace Cristo, “sol naciente”, y por sus vidrieras que dan color a todos los espacios. Por lo tanto, lo que hace Gaudí es exaltar ese sentido religioso y volver a proponerlo al hombre contemporáneo, que había perdido por completo la capacidad de asombrarse.

“No quisiera ser yo quien terminase las obras, porque no sería conveniente. Lo que siempre se debe conservar es el espíritu de la obra, pero su vida debe depender de las generaciones que se transmiten. La obra de un solo hombre es miserable y está muerta ya al nacer”, nos dice Gaudí con humildad. ¿Ésta es también la clave esencial de su santidad?
Gaudí se presenta como un colaborador del Creador: la creación está en curso y el hombre colabora en ella como criatura que trabaja junto a Dios, realizando una obra que pueda entrar en la historia de la salvación y que, por tanto, no concluya, porque terminar algo tiene siempre una dimensión negativa en cierto modo. También las catedrales presentan esta característica, ya que, para ser construidas, requieren la vida de numerosas generaciones. Por eso, a quienes le preguntaban si él era el arquitecto de la Sagrada Familia, Gaudí respondía: “No, yo soy un colaborador del Creador”, poniendo así siempre el acento en Alguien que no era él. En esta actitud reside la clave de su humildad, que se trasluce también en la voluntad de no centrarse nunca en su propia genialidad. A las personas que quieren imitar su estilo, él no se propone como modelo, sino que las exhorta a realizar actividades de caridad con las Conferencias de San Vicente.

En la cripta de la Sagrada Familia, extraordinariamente luminosa a diferencia de todas las demás que conocemos, se celebra la misa desde el inicio de las obras. En el ábside hay un Crucifijo que muere mirando al Padre; en el interior de la iglesia hay una creación ya redimida por el sacrificio de Cristo y por todos los sacrificios de los mártires. Baste con estas referencias para intuir la preocupación de Gaudí por hacer visible, a través de la belleza, el corazón de la fe cristiana.
También desde el punto de vista estructural, la Sagrada Familia es una iglesia que se eleva hacia lo alto, y no solo por sus agujas. Paradójicamente, la mayor parte de su peso se encuentra precisamente en la parte superior, al contrario de lo que suele ocurrir en la construcción de iglesias, por lo que es como si estuviera sometida a una gravedad inversa, toda ella atraída hacia arriba porque es de Dios. En definitiva, Gaudí tiene esta capacidad no solo de representar imágenes, sino también de encarnarlas en la propia estructura. Realiza, por tanto, una iglesia que no está decorada, pero que, en cada uno de sus detalles, narra la unidad integral del hombre como imagen de Dios en su relación constitutiva con el Padre.