El pan de la vida eterna
El que come este pan vivirá para siempre (Jn 6,58)
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
(San Juan 6, 52-59)
Jesús habla con una claridad radical: vivir de Él significa unirse profundamente a su vida, alimentarse de su presencia. No se trata solo de símbolos, sino de una comunión vital: quien acoge a Jesús entra en un vínculo que da vida eterna. El alimento terrenal sacia solo momentáneamente, mientras que el cuerpo de Cristo transforma y sostiene. ¿Aceptas verdaderamente la Eucaristía como alimento de tu vida? ¿Te dejas transformar por su presencia?
