Corazones compasivos y misión
Gratis habéis recibido, dad gratis (Mt 10,8)
En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».
(San Mateo 9, 36 – 10, 8)
Jesús mira a la multitud con compasión, dejándose conmover por su cansancio. De esta mirada nace la llamada de los discípulos y la misión de la Iglesia. No se trata de una iniciativa personal, sino de la respuesta a una llamada divina. Quien sigue a Cristo es enviado a llevar sanación y esperanza, recordando que todo es un don recibido gratuitamente para compartirlo igualmente de forma gratuita. ¿Te dejas mover por la compasión hacia quienes están en necesidad? ¿De qué manera estás devolviendo gratuitamente lo que has recibido?
