Santo Tomás Moro por Ermes Dovico

CUARESMA / 4

El juicio de Jesús y la naturaleza de Su reino

Continuamos nuestro itinerario cuaresmal con el comentario del padre Cornelio a Lapide (1567-1637) sobre la Pasión según el Evangelio de san Mateo. Comienza con el juicio de Jesús ante Pilato, que se detiene sólo en la tercera acusación contra Él. ¿En qué sentido Jesús es Rey?

Ecclesia 10_03_2023 Italiano English
Gesù davanti a Pilato (Kosheleff)

Publicamos a continuación el cuarto texto (aquí el primero, el segundo y el tercero) extraído del Comentario del Padre Cornelio a Lapide (1567-1637) centrado en la Pasión según el Evangelio de san Mateo. Los comentarios del jesuita y exégeta Cornelio a Lapide, cuyo objetivo principal era ofrecer ayuda a los predicadores, también son valiosos porque contienen numerosas citas de los Padres de la Iglesia y de otros exégetas posteriores.

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Jesús estaba ante el gobernador. San Mateo, después de relatar el final de Judas, vuelve ahora a la narración principal. De san Lucas se desprende que los judíos presentaron tres acusaciones definitivas contra Jesús:

1. que estaba pervirtiendo al pueblo;

2. que les prohibía rendir homenaje al César;

3. que afirmaba que él mismo era rey.

Al parecer, Pilato dejó de lado las dos primeras acusaciones por falsas y malintencionadas, y se detuvo sólo en la tercera.

El gobernador le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Sí, tú lo dices. Con esto quiso decir: “Yo soy el Mesías, el Rey”. Podía haber dicho en verdad: “No soy el Rey de los judíos, no soy un rey temporal, ni pretendo serlo”; pero los judíos entendían que el título de Rey de los judíos significaba el Mesías, y como [Jesús] no podía negar su naturaleza mesiánica, confesó que era el Rey de los judíos, el Mesías prometido.

Se plantea la pregunta: ¿Cuál es la naturaleza del reino de Cristo y sus múltiples relaciones? Cristo, por tanto, como Hombre tenía un doble reino incluso cuando estaba en la tierra:

1. Un reino espiritual, a saber, Su Iglesia, que Él estableció como una comunidad de creyentes fundada con ciertas leyes, ordenanzas y sacramentos. La gobierna por medio de san Pedro y sus sucesores, como Vicarios suyos, y la hace extenderse por todas las naciones. Este reino, predicho por David y los Profetas, le sería dado a Cristo.

2. Como enseña Santo Tomás, es [un reino también] físico y de este mundo. Pues Cristo, desde su concepción, tuvo dominio directo y legítimo sobre el mundo, para deponer y nombrar reyes, aunque de hecho no ejerció este poder en la tierra.

Ante la pregunta: ¿Tenía Cristo como Hombre alguna pretensión humana sobre el reino judío? La respuesta es positiva, pues era hijo, sucesor y heredero de David. Es cierto que no entró en su reino, ni fue investido rey. Sin embargo, con su triunfo y entrada en Jerusalén dio un ejemplo de lo que era. De hecho, no entró en Su reino, porque la familia de David hacía tiempo que había dejado de reinar y el reino había pasado de común acuerdo a otras manos.

Y cuando fue acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.

1. Porque todas las acusaciones contra Él eran falsas y no merecían respuesta.

2. Jesús sabía que cualquier respuesta sería inútil y sólo haría que los judíos ansiaran más su muerte.

3. Para evitar excusar Su crimen y obtener la liberación, y así evitar que se anulara el beneficio de Su muerte, dice San Jerónimo, “pues quería ser condenado callando, y morir por la salvación de los hombres”.

4. Para expiar así todos los pecados de la lengua, y enseñar a los hombres a guardar la lengua de toda mala palabra.

Entonces Pilato le dijo: ¿No oyes de cuántas cosas te acusan? Porque Pilato lo había llevado fuera de su casa para escuchar las acusaciones de los sumos sacerdotes, pues no querían entrar en la sala por miedo a contaminarse.

Y Él le respondió sin decir palabra, de modo que el gobernador quedó enormemente maravillado. Pilato se maravilló de su silencio en este extremo peligro, cuando Él [Jesús] era asaltado por vehementes acusaciones y clamores. Se maravilló de su mansedumbre, calma y desprecio por la muerte, y, reconociendo más plenamente su inocencia y santidad, se esforzó con más ahínco por liberarlo.