Santa Isabel de Hungría

Fue princesa, esposa, madre de tres hijos, viuda y terciaria franciscana. Por su apoyo a los frailes presentes en Turingia, san Francisco de Asís le envió un mensaje lleno de bendiciones. Hay varias congregaciones dedicadas a esta santa, que continuan su obra de atención a los enfermos

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Fue uno de los ejemplos más elevados de caridad cristiana, ejercida hasta llegar a mendigar por pobres y enfermos. En su breve pero intensísima vida terrenal, santa Isabel de Hungría (1207-1231) fue princesa, esposa, madre de tres hijos (entre ellos, la beata Gertrudis de Altenberg), viuda y terciaria franciscana.

Hija del rey de Hungría, Andrés II, se casó con 14 años con el landgrave de Turingia Luis IV. Aunque su matrimonio había sido concertado desde hacía tiempo por las dos familias para consolidar su alianza, se trató de un matrimonio feliz. «Si amo tanto a una criatura mortal, ¡cuánto más debería amar al Señor!», decía la santa. Pronto la atrajo el ejemplo de su contemporáneo Francisco de Asís, cuya enseñanza conoció a través de unos frailes que llegaron a Turingia en 1223. Se entregó con fuerza a la caridad. «Nutrió a algunos, a otros les proporcionó una cama, a otros los llevó sobre sus hombros, entregándose siempre, pero sin enfrentarse nunca a su marido», reveló Conrado de Marburgo, que se convirtió en su confesor. El marido, que apreciaba esas buenas obras y creía en la recompensa eterna, murió repentinamente por unas fiebres mientras esperaba para embarcarse para la Sexta Cruzada.

Cuando Luis murió, Isabel apenas tenía 20 años. Hizo votos solemnes similares a los de una religiosa, resistiendo a los intentos de algunos familiares de casarla de nuevo. Decidió alejarse del mundo para hacer en todo la voluntad de Dios, al que amaba con todo su ser. Al final se mudó a Marburgo, donde hizo construir, a su costa, un hospital para los más pobres, empeñando también su dote que, mientras tanto, le habían devuelto. Sirvió con los trabajos más humildes a los pobres y a los enfermos. Por su apoyo a los frailes presentes en Turingia, el propio Francisco de Asís le envió un mensaje lleno de bendiciones. Convertida en una de las primeras terciarias franciscanas, fue la princesa de los últimos. Y cuando murió, con solo 24 años, se consideró normal que el pueblo la considerara una santa.

La fama de santidad que la rodeaba se enriqueció por los milagros que llevó a cabo en vida (el más conocido, que se refiere en la tradición, es la transformación en rosas de unos panes que llevaba escondidos bajo su capa para repartirlos entre los pobres). Gregorio IX inició enseguida una investigación sobre sus virtudes y al cabo de solo cuatro años Isabel fue canonizada. Hay varias congregaciones dedicadas a esta santa, que continuan su obra de atención a los enfermos.

Patrona de: enfermeros, hospitales, panaderos, sociedades caritativas, esposas, viudas; Orden franciscana secular

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