San Ruperto de Salzburgo

Desarrolló una parte importante de su apostolado en las tierras habitadas por los antepasados de los austríacos y bávaros

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Patrono y artífice del renacimiento de Salzburgo, fundador de iglesias y monasterios, san Ruperto (hacia 660-718) desarrolló una parte importante de su apostolado en las tierras habitadas por los antepasados de los austríacos y bávaros. Descendiente de una familia de la nobleza franca de alto rango, Ruperto creció con una gran fe y piedad. Pasaba sus días alabando a Dios, haciendo vigilias, ayunando y ayudando a los necesitados. Fue nombrado obispo de Worms. Sin embargo, en los alrededores había una presencia masiva de paganos, que lo obligaron al exilio, causándole sufrimientos físicos y espirituales. Seguidamente, Teodón II de Baviera, que había establecido su sede en Ratisbona y había oído hablar de la santidad de Ruperto, lo tomó bajo su protección y le pidió que lo ayudara a difundir el Evangelio entre las tribus bávaras.

El santo acogió de buen grado el ofrecimiento del soberano y en un tiempo relativamente breve consiguió convertir al cristianismo a muchas personas que poblaban la antigua Baviera, hasta el confín con Panonia. Le hubiera gustado continuar su misión en esta región, entonces dominada por los ávaros, pero las frecuentes tensiones bélicas le disuadieron de esta idea, y cambió de ruta. Caminando a lo largo de las vías trazadas por los romanos, llegó a una ciudad en ruinas, Juvavum, en la que se estableció como base para su actividad de evangelización, y a la que dio un nombre nuevo: Salzburgo, «ciudad de la sal», nombre sugerido por la gran cantidad de ricas minas de sal de esa zona. Fundó la celebra abadía de San Pedro, el monasterio más antiguo de la región de lengua germana, que da testimonio de una historia continua en los siglos y que se convirtió en el núcleo alrededor del cual surgió la nueva Salzburgo.

Ruperto se convirtió en el obispo de la ciudad, actuó también como abad y en el año 714 fundó otro monasterio famoso, femenino esta vez, a saber: la abadía de Nonnberg, que tuvo como primera abadesa a santa Erentrudis (hacia † 718), a la que se indica como su sobrina. Murió un domingo de Pascua después de haber celebrado la Misa, con gran conmoción por parte de sus discípulos y de todos los fieles, que aún hoy pueden venerar sus reliquias en la catedral de Salzburgo, dedicada a su sucesor, san Virgilio, y al propio Ruperto. Se le representa a menudo con los paramentos sagrados y el característico barril de sal, como recuerdo de su papel en la historia de Salzburgo.

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