San Evaristo

Según el Liber Pontificalis, Evaristo era de nacionalidad griega y su padre era originario de Belén. En el documento se dice también que el santo ordenó a siete diáconos, fue el primero en atribuir los tituli a los presbíteros y que sufrió el martirio

 

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Sobre san Evaristo (†108), cuarto sucesor de san Pedro, nos han llegado pocos datos. Lo que sabemos está contenido principalmente en los escritos de san Ireneo de Lyon (c. 130-202), en la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesarea (c. 265-340) y en el Liber Pontificalis, una colección de breves biografías de pontífices cuya redacción originaria tuvo lugar, probablemente, antes del asedio de Roma del 546.

Eusebio refiere que «Clemente murió en el tercer año del emperador en cuestión [Trajano, ndr] y transmitió el ministerio sagrado a Evaristo». Su predecesor, Clemente (†100), al que la Iglesia venera como mártir, se identifica en la tradición con el colaborador sobre el cual escribe san Pablo en la Epístola a los Filipenses (Fil 4,3) y se sabe, además, que fue exiliado por el emperador Trajano a Crimea: es la razón por la que san Clemente es considerado el primer pontífice en haber renunciado forzosamente al ministerio petrino y Eusebio nos informa, de hecho, de que lo «transmitió» a Evaristo, lo que hace evidente que este ya se distinguía por su santidad en la primitiva comunidad cristiana.

Según el Liber Pontificalis, Evaristo era de nacionalidad griega y su padre era originario de Belén. En el documento se dice también que el santo ordenó a siete diáconos, fue el primero en atribuir los tituli a los presbíteros y que sufrió el martirio. En la revisión del Martirologio Romano (2001-2004) se cuestiona esta última noticia, por lo que no está incluida, y actualmente se indica solo: «En Roma, san Evaristo, papa, que gobernó la Iglesia de Roma como cuarto después del Beato Pedro, bajo el emperador Trajano».

Lo que sí es cierto es que san Evaristo vivió en una de las fases de persecución de los cristianos, como se puede verificar por la correspondencia de Plinio el Joven con Trajano. Y como recordaba Tertuliano en estos términos: «Y sin embargo hemos visto que ha sido prohibido buscarnos. Porque Plinio el Joven, que gobernaba una provincia, tras haber condenado y destituido a algunos cristianos, impresionado por su número y no sabiendo cómo comportarse, comunicó al emperador Trajano que no había encontrado en ellos nada criminal salvo su rechazo el culto pagano. […] A lo que Trajano respondió que no buscará más a la tribu de los cristianos, sino que los castigara en cuanto los descubriera».

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