San Calixto I

Muy querido por dos santos pontífices (Víctor I y Ceferino), despreciado por un antipapa (Hipólito) y poseedor de dos “récords” en la historia de la Iglesia

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Muy querido por dos santos pontífices (Víctor I y Ceferino), despreciado por un antipapa (Hipólito) y poseedor de dos “récords” en la historia de la Iglesia. La vida de san Calixto I (†222), papa a su vez y mártir, fue ciertamente singular. Varias noticias biográficas provienen de uno de sus principales oponentes, Hipólito (c. 170-235), autor del libro Philosophumena, del que emerge un retrato que es de todo menos halagador. Ciertamente, lo que sí se sabe es que después de algunas vicisitudes el santo se convirtió en diácono y asesor personal de san Ceferino, quien también le confió la dirección del cementerio situado en la Vía Apia, ahora conocido con el nombre de Catacumbas de San Calixto.

Fue elegido a la cátedra petrina tras la muerte en 217 de Ceferino, al que ya se había opuesto Hipólito. El problema era que en aquella época circulaban varias herejías, incluyendo el monarquismo que negaba la Trinidad y, con ella, la naturaleza divina de Cristo. Ceferino y Calixto se opusieron al monarquismo. Sin embargo, Hipólito (que combatía contra los herejes, pero había desarrollado una cristología imperfecta) se irritó con el primero, acusándolo de debilidad, y acusó al segundo, erróneamente, de herejía. Por estos enfrentamientos rechazó la elección de Calixto y fue elegido por un pequeño grupo de seguidores, convirtiéndose así en el primer antipapa de la historia. Pero Hipólito ostenta un segundo récord: es el único antipapa que ha sido proclamado santo, porque durante las persecuciones de Maximino el Tracio fue exiliado y condenado a trabajos forzados en Cerdeña, donde  se reconcilió plenamente con el entonces pontífice legítimo san Ponciano (†235), él también en exilio, con el que fue martirizado.

Antes de su arrepentimiento, san Hipólito había rechazado también el edicto emitido por san Calixto con el que el papa había garantizado la comunión - después de la correcta penitencia - a los fornicadores y adúlteros. La tradición atribuye a Calixto la fundación de la basílica de Santa María en Trastévere, más tarde destruida en gran parte durante las sucesivas persecuciones y reconstruida en el siglo IV por san Julio I. De su vida también tenemos una versión editada por san Juan Bosco, quien escribió: «Cuatro cosas quedaron hechas de una manera particularmente gloriosa durante el pontificado de San Calixto: la basílica de Santa María en Trastévere, el ayuno de las Cuatro Témporas, el cementerio llamado de San Calixto en la Puerta Apia - hoy Puerta de San Sebastián - y su luminoso martirio».

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