María Auxiliadora

La devoción a María Auxiliadora tiene una historia muy rica...

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Quien más ha hecho para propagar la devoción de la Virgen con la advocación de María Auxiliadora es san Juan Bosco; pero la referencia a María que ayuda a sus hijos estaba ya extendida entre los cristianos de lengua griega desde los primeros siglos. Lo muestran antiguas inscripciones en las que la Virgen María, además de otros célebres títulos como Theotókos (Madre de Dios) y Panaghia (Toda Santa), era invocada como Boetheia, que quiere decir “ayuda”. San Juan Crisóstomo se refiere así a la Madre celestial en una homilía del 345. Honorando a la Virgen, san Germano de Constantinopla (634-733 aproximadamente) decía: “Nosotros, lejos de Dios en una multitud de pecados, a través de ti hemos buscado a Dios y le hemos encontrado; y habiéndole encontrado, hemos sido salvados. Por eso, grande es tu ayuda para la salvación, oh Madre de Dios”.

Después de la batalla de Lepanto del 7 de octubre de 1571, que llevó a san Pío V a instituir la fiesta de Santa María de la Victoria (hoy Nuestra Señora del Rosario), se añadió a las Letanías Lauretanas la invocación Auxilium christianorum (“Ayuda de los cristianos”). Más de dos siglos más tarde, el 15 de septiembre de 1815, Pío VII estableció la celebración de la fiesta de “María, Auxilio de los cristianos” el 24 de mayo, aniversario de su vuelta triunfal a Roma (24 de mayo de 1814), después de casi cinco años prisionero de Napoleón. Al principio, la fiesta, ya extendida entre los Siervos de María desde el siglo XVII, se limitaba a la diócesis de Roma. Pero después se extendió a otros lugares de la cristiandad, aún sin estar incluida en el Calendario Romano General.

Don Bosco tenía apenas treinta años cuando, en 1845, se le apareció la Virgen en el barrio turinés de Valdocco (topónimo que viene de Vallis occisorum, “Valle de los matados”). La Virgen le ordenó la construcción de una iglesia en el punto exacto del martirio de los santos Adventor y Octavio. Eran dos soldados del siglo III, considerados los primeros mártires de Turín, celebrados junto con su compañero de armas san Solutor, decapitado a algunos kilómetros de distancia de ellos. “En este lugar -dijo la Santísima Virgen- donde los gloriosos mártires de Turín Adventor y Octavio sufrieron su martirio, en este suelo que fue bañado y santificado por su sangre, yo quiero que Dios sea honorado de manera muy especial”. Mientras decía estas palabras, que don Bosco escribió en sus Memorias, María “adelantaba un pie posándole sobre el lugar del martirio y me lo indicó con precisión”. Veinte años más tarde se puso la primera piedra, y el 9 de junio de 1868 tuvo lugar la consagración del Santuario de María Auxiliadora.

El santo educador encargó a Tommaso Lorenzone el retablo del altar mayor, que representa a la Virgen con el Niño Jesús en el brazo izquierdo. En la mano derecha, la Virgen tiene un cetro que termina en una pequeña esfera coronada por una cruz. Alrededor están los apóstoles, los evangelistas y ángeles, y en alto la irradiación del Espíritu Santo, representado por una paloma. La imagen recibió la coronación canónica en 1903, bajo León XIII, por medio del arzobispo Agostino Richelmy.

El título Auxiliadora aparece en la Lumen Gentium, la constitución dogmática del Vaticano II sobre la Iglesia, que subrayó la especial colaboración de la Madre en la Redención del Hijo divino en favor de cuantos le aman: “Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. […] Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora” (LG 62).

 

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