San Esteban Harding por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

El camino del cáliz

El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor (Mt 20,26)

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».

Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron:
«Podemos».

Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

(San Mateo 20, 17-28)
 

En el camino hacia Jerusalén, Jesús anuncia la cruz mientras los discípulos sueñan con honores. El contraste es claro: a la lógica del poder, Él opone la del don. El «cáliz» es el sufrimiento aceptado por amor. La verdadera grandeza no es dominar, sino servir; no retener la vida, sino ofrecerla. Solo así la cruz se convierte en camino de resurrección. ¿Qué lugar buscas concretamente en tu vida cotidiana: el del honor o el del servicio? ¿Estás dispuesto a beber el cáliz amargo de cada día para amar verdaderamente a tu prójimo?