El Papa en África: ecos bergoglianos y pequeños cambios de rumbo
Diez días en cuatro países bajo el signo de una normalidad sin sobresaltos y sin reducir a la Iglesia a una organización social. Las numerosas intervenciones de León XIV han sido edificantes pero también previsibles, y se sitúan entre la continuidad con la línea de Francisco y algunas valoraciones “fuera de lo común” sobre la fe y la razón, sobre el fenómeno migratorio y sobre la Doctrina Social de la Iglesia.
El Papa León ha regresado ayer de su viaje a África. Ha visitado cuatro países —Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial—, ha pronunciado muchos discursos, ha presidido celebraciones litúrgicas, se ha reunido con diversos grupos de personas, se ha ganado el cariño de multitudes y ha visitado muchas realidades concretas de la vida social y eclesial de esos países. También ha encontrado tiempo para hablar de la Doctrina Social de la Iglesia, tanto directamente explicando en qué consiste, como abordando muchos problemas sociales presentes en los países visitados a la luz de esta misma DSI.
Al repasar todas sus intervenciones, ahora que ha regresado a casa, es posible trazar un panorama general, no del viaje en su totalidad, pero sí al menos de sus intervenciones relacionadas con las cuestiones propias de la Doctrina Social de la Iglesia.
Los medios de comunicación se interesaron por el viaje del Papa sobre todo en los primeros días cuando estalló la cuestión de Trump que el Papa León supo “enfriar” de inmediato. Por lo demás, el viaje ha continuado con bastante tranquilidad y de forma casi previsible, en medio del entusiasmo general de los pueblos africanos que lo han acogido y de las crónicas de rutina de los medios de comunicación.
Algunos buscaban algún indicio de novedad respecto a Francisco, cosa que, sin embargo, no ha ocurrido. León XIV ha citado repetidamente a Francisco, incluso haciendo referencia a sus discursos a los Movimientos populares que suscitaron perplejidad en aquel momento. Esto puede explicarse de tres maneras. En primer lugar, por la coincidencia con el primer aniversario de su muerte, que ha caído precisamente durante el viaje a África, lo que ha hecho que Francisco haya estado “presente”. En segundo lugar, porque el equipo que ha redactado los discursos sigue siendo en gran parte el mismo que el del pontificado anterior. En tercer lugar, porque el primero en no querer manifestar novedades es precisamente León, tanto por exigencias de continuidad institucional –por así decirlo-, como por convicción personal.
Los discursos en eventos de este tipo siempre tienen una dimensión “diplomática” y no pueden ofrecer “diagnósticos disruptivos”. En todas sus intervenciones en África, el Papa ha destacado el potencial del continente y la necesidad de que su sociedad civil se convierta en protagonista del desarrollo, además de condenar las profundas formas de exclusión que aún padece. En Angola ha denunciado la “lógica extractivista” de explotación de los recursos mineros del país y, dada la actual situación de guerra en el mundo, ha condenado el uso del nombre de Dios para justificar la guerra. También ha afirmado la necesidad de garantizar el Estado de derecho y de vencer la corrupción y, naturalmente, ha citado en varias ocasiones a san Agustín para explicar el significado correcto del poder.
Han sido intervenciones edificantes y esperanzadoras, pero también previsibles y esperadas. Esta línea ha favorecido una interpretación de este viaje en el sentido de una normalidad que discurre de forma natural y sin sobresaltos. Y todo esto a pesar de que África ofrecía diversos argumentos para un giro hacia la novedad. Por ejemplo, muchos gobiernos africanos se están oponiendo a los “pseudovalores” occidentales (y “democráticos”) sobre la vida y la familia. Por ejemplo, la mayor oposición a la Nota Fiducia supplicans del cardenal Fernández procedía del episcopado africano. También podemos mencionar la retórica del diálogo interreligioso que es cuestionable precisamente en África debido a la violencia de carácter religioso contra los cristianos. A pesar de tener que moverse entre dificultades similares, León XIV ha expresado en algunos momentos valoraciones fuera de lo común, señal de que no tiene un solo ghost writer, sino más de uno y de diferente orientación teológica y pastoral. Pongamos tres ejemplos.
El 21 de abril, dirigiéndose al mundo de la cultura en Malabo (Guinea Ecuatorial), en el campus universitario de la Universidad Nacional que lleva su nombre, ha hablado del árbol del conocimiento en relación con otros dos árboles, el del Edén y el de la Cruz. “El problema —explicaba— no está, por tanto, en el conocimiento, sino en su desviación hacia una inteligencia que ya no busca corresponder a la realidad, sino doblegarla a sus propias medidas”. Para sanar esta disfunción contribuye el árbol de la Cruz, “no como negación de la inteligencia humana, sino como signo de su redención”. Se ha tratado de un auténtico vuelo de la inteligencia de la fe: “Cristo no aparece como una salida fideísta ante el esfuerzo intelectual, como si la fe comenzara donde la razón se detiene. Al contrario: en Él se manifiesta la profunda armonía entre verdad, razón y libertad”. Un discurso de grandes consecuencias, y no solo en África, si se lee y se vive.
El 17 de abril, en Yaundé (Camerún), durante el encuentro con el mundo universitario en la Universidad Católica de África Central, ha hablado así a los jóvenes estudiantes: “Ante la comprensible tendencia migratoria que puede llevar a creer que en otros lugares se puede encontrar fácilmente un futuro mejor, os invito ante todo a responder con un ardiente deseo de servir a vuestro país y de poner al servicio de vuestros conciudadanos los conocimientos que estáis adquiriendo aquí. He aquí la razón de ser de vuestra Universidad, fundada hace treinta y cinco años para formar pastores de almas y laicos comprometidos con la sociedad: estos son los testigos de sabiduría y equidad que el continente africano necesita”. Una sugerencia que supondría un cambio total de perspectiva de todo el panorama de las migraciones.
Recordemos, por último, la referencia directa a la Doctrina social de la Iglesia realizada en Malabo, el 21 de abril durante el encuentro con las autoridades. Aquí el Papa ha dicho, entre otras cosas: “Hoy la Doctrina social de la Iglesia representa una ayuda para quien quiera afrontar las ‘cosas nuevas’ que desestabilizan el planeta y la convivencia humana, buscando ante todo el Reino de Dios y su justicia. Esto es parte fundamental de la misión de la Iglesia: contribuir a la formación de las conciencias, mediante el anuncio del Evangelio, la oferta de criterios morales y de auténticos principios éticos, en el respeto de la libertad de cada individuo y de la autonomía de los pueblos y de sus gobiernos”. Éste también es un discurso importante, sobre todo porque no ha olvidado ni el anuncio del Evangelio ni la búsqueda del Reino de Dios y, por lo tanto, no ha reducido a la Iglesia a una organización de ética social.
