Virgen del Rosario de San Nicolás

Estas apariciones fueron reconocidas como verdaderas por el obispo Héctor Cardelli. En el decreto del 22 de mayo de 2016, monseñor Cardelli explicó los motivos de su decisión, basada en la perfecta adhesión de los mensajes a la doctrina católica, las comprobadas virtudes de la vidente y los abundantes frutos espirituales

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El 25 de septiembre de 1983, una madre de nombre Gladys Quiroga de Motta, mientras recitaba el Rosario a San Nicolás de los Arroyos (Argentina), vio aparecer por primera vez a la Virgen con el Niño Jesús en brazos. Las apariciones prosiguieron y el 27 de noviembre Gladys vio una estatua de la Virgen con el Niño que después, acompañada por el padre Carlos Pérez, reconoció ser idéntica a la conservada -y que estaba pendiente de ser restaurada- en el campanario de la catedral de San Nicolás. «Me tienen olvidada, pero he resurgido», le había dicho la Virgen, que se había presentado como Virgen del Rosario. Se trataba de una talla de madera que había sido bendecida un siglo antes por León XIII y donada por una mujer a la catedral de San Nicolás, consagrada en 1884. La Virgen indicó también el lugar donde tendría que construirse un santuario, cuyos trabajos empezaron gracias al obispo Domingo Salvador Castagna.

Tras un largo periodo de profundización teológica, las apariciones fueron finalmente reconocidas como verdaderas por el obispo Héctor Cardelli. En el decreto del 22 de mayo de 2016, monseñor Cardelli explicó los motivos de su decisión, basada en la perfecta adhesión de los mensajes a la doctrina católica, las comprobadas virtudes de la vidente y los abundantes frutos espirituales (conversiones, espíritu de oración y caridad) generados desde el principio de las apariciones, 33 años antes. Por ello concluyó: «(...) como Obispo diocesano facultado para este tipo depronunciamiento; motivado por un sentido de consciencia justa (...), reconozco el Carácter Sobrenatural de los felices acontecimientos con los que Dios, a través de Su Hija Predilecta, Jesús por medio de Su Santísima Madre, El Espíritu Santo, por medio de su dilecta Esposa, ha querido manifestarse amorosamente en nuestra Diócesis».

En sus mensajes [1] la Virgen recuerda explícitamente en diversas ocasiones la misión de Lourdes y Fátima e indica en el alejamiento de Dios la causa de todos los males de la humanidad. Es ejemplar cuando, el 15 de septiembre de 1989, fiesta de María Dolorosa, explica que en estos tiempos «son Mis Dolores: El rechazo hacia Mi Hijo, el ateísmo, la falta de caridad, los niños que no nacen, la incomprensión en las familias, el gran egoísmo de muchos hijos en el mundo, los corazones aún cerrados al Amor de esta Madre».

La Virgen termina a menudo sus mensajes indicando precisos pasajes de las Sagradas Escrituras que hay que leer. Muchas veces exhorta a los jóvenes a no dejarse engañar por el maligno y descubrir el amor de Dios. «Veo a la juventud como va a la deriva, el demonio la va apartando, llevándola al pecado», dice el 12 de diciembre de 1984. Por ello pide «orar por los jóvenes del mundo que no han encontrado a Dios. Por los que se comportan de manera denigrante; por los que están mal aconsejados. El Señor los puede rescatar porque es misericordioso y ama a sus hijos» (31 de enero de 1984). El camino que la Virgen indica para todos es la «conversión a Dios» y «la consagración a Mi Corazón de Madre» (9 de julio de 1987). Otras veces es Jesús quien se manifiesta a Gladys confirmando la misión materna, como el 19 de noviembre de 1987, cuando explica a la vidente que «Las almas se encontrarán Conmigo, por medio de Su Corazón Inmaculado».

Divorcio y aborto están entre los grandes males de los cuales la Madre celeste nos advierte. Así, el 24 de noviembre de 1985, tras haber dado gloria a Dios por aquellos que honran el matrimonio, advierte que quienes se divorcian «cometen un gravísimo pecado, ya que es un atentado contra Dios, porque es éste un lazo único e indisoluble». Y el 7 de marzo de 1987 exhorta a Gladys a rezar «por las criaturas que no nacen» porque «son tantos los abortos, ¡tantos los atentados a las vidas que solo a Dios pertenecen!».

Todos estos pecados se multiplican mientras aumentan en el mundo los ataques contra la institución fundada por Cristo para anunciar la Verdad: la Iglesia. «Pese a mi gran dolor al ver con que crueldad es atacada la Iglesia, Yo estoy combatiendo para salvarla», dice el 1 de novembre de 1986 la Santísima Virgen María, que ocho días más tarde pide una novena para la Esposa de Cristo: «Hoy como nunca está padeciendo las más horribles persecuciones», advierte la Virgen, añadiendo que pronto «llegará pronto a resplandecer como la más refulgente estrella».

Otro mensaje incómodo para la sociedad contemporánea es la unión indisoluble entre el amor y la cruz, que es necesario aceptar en cada día terrenal en vista a la vida eterna. «El Señor ha preparado hija mía, a cada uno, su camino. Una verdad muy grande es que en cada camino, espera una cruz y es esa misma cruz, la que se debe llevar con amor y ofreciéndola al Señor. No se llega a Dios si no es por medio del sufrimiento, tampoco se llega a amar a Dios, si no se reconoce que por la cruz, se alcanzará Su Gloria […]» (19 de agosto de 1987).

Recurrente es la referencia a la presencia real de Jesús en la Eucarestia y el valor infinito de la Santa Misa, a la cual la Virgen pide que se participe todos los días «o por lo menos una vez en la semana» (15 de septiembre de 1984). Los frutos serán abundantes. En la Santa Misa, explica la Madre celeste el 3 de agosto de 1985, «os alimentaréis con el Pan de Vida, que es Cristo Jesús. Alimentados con El, no os llegará ninguna plaga que venga de afuera, ya que Jesús la destruirá».

 

[1] En este enlace están recogidos cronológica y temáticamente todos los mensajes recibidos por Gladys del 13 de octubre de 1983, aniversario de la última aparición de Fátima, al 11 de febrero de 1990, fiesta de la Virgen de Lourdes, para que el público los conozca. Gladys ha seguido recibiendo mensajes de la Virgen en los años sucesivos (siglo XXI comprendido) y la diócesis ha autorizado la publicación de otras recopilaciones de dichos mensajes. Aun así, hay que destacar que la situación ha cambiado en parte con el sucesor de monseñor Cardelli, el obispo Hugo Norberto Santiago, que en 2017 prohibió la difusión de mensajes adicionales.

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