San Jenaro por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Un corazón que da fruto

La guardan y dan fruto con perseverancia (Lc 8,15)

En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola:
«Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad.
Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron.
Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».
Dicho esto, exclamó:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».
Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola.
Él dijo:
«A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, “para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.
El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.
Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

(San Lucas 8, 4-15)
 

La Palabra de Dios se siembra con abundancia, pero el fruto depende del terreno del corazón. Las distracciones, las preocupaciones y las dificultades pueden ahogarla, mientras que un corazón receptivo la guarda con perseverancia. Jesús te invita no solo a escuchar, sino a dejar que su Palabra eche raíces y transforme concretamente tu vida, produciendo frutos de amor y de bien. ¿Qué tipo de terreno sientes que eres hoy? ¿Qué es lo que corre el riesgo de sofocar la Palabra de Dios en tu corazón?