San Celestino V por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Un conocimiento de amor

Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti (Jn 17,1)

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.

He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».

(San Juan 17, 1-11a)
 

Jesús ora al Padre celestial en la hora decisiva, mostrando que su gloria pasa por la entrega total de sí mismo. La vida eterna no es un concepto futuro, sino una relación viva: conocer a Dios y a su enviado. En esta comunión se cumple la misión de Jesús. ¿Es tu fe para ti una relación viva o solo un conjunto de ideas o de ritos meramente externos? ¿Te sientes confiado a Dios también en tu vida cotidiana?