El antirracismo genera barbarie: el caso Nowak en el Reino Unido
El escalofriante vídeo en el que se ve a unos agentes de policía esposando en el suelo a un joven blanco de 18 años que agoniza, apuñalado sin motivo alguno por un chico sij que lo acusaba falsamente de racismo, ha conmocionado a la opinión pública británica y plantea inquietantes interrogantes sobre la deriva de las instituciones occidentales.
3 de diciembre de 2025, poco después de las 23:00: Henry Nowak, un joven de 18 años de Southampton, ciudad costera del sur de Inglaterra, regresa a casa a pie tras haber celebrado en un pub con sus amigos el final del primer trimestre en la universidad. En la calle se encuentra con Vickrum Digwa, un joven indio sij de 23 años, que le apuñala cinco veces sin motivo aparente: dos puñaladas en el abdomen, dos en una pierna y una en el costado.
Henry también sufre un corte en la cara, intenta huir, salta una valla, pero queda tendido en el suelo. Digwa lo alcanza y llama a sus padres y a su hermano, quienes, al llegar al lugar, llaman a la policía, a la que Digwa cuenta que Henry lo había agredido con insultos racistas y que simplemente se había defendido.
Mientras tanto, ha pasado media hora y Henry yace en el suelo jadeando, dice que lo han apuñalado y pide una ambulancia: “No puedo respirar”, suplica. Pero los agentes no le creen, incluso se burlan de él, y llegan a esposarlo en el suelo con las manos a la espalda: porque Henry es blanco y, por definición, los blancos son culpables. Los policías se deciden a llamar a los servicios de emergencia solo cuando pierde el conocimiento, pero ya es demasiado tarde. A las 00:37 se declara la muerte de Henry Nowak. Mientras tanto, los policías deciden detener a Digwa, pero ni siquiera le ponen las esposas.
El vídeo de la intervención policial, grabado por la cámara corporal de un agente, se hizo público el pasado lunes al término del juicio contra Vickrum Digwa, condenado a cadena perpetua con una pena mínima de 21 años. Y es este espeluznante vídeo el que está conmocionando a la opinión pública británica y ya ha provocado incidentes con cientos de personas que el martes por la noche, 2 de junio, se manifestaron frente a la sede de la policía de Southampton, con un balance de once agentes heridos y dos detenciones. Además, hay otros vídeos grabados por el propio asesino, que no se han hecho públicos.
La polémica política también es feroz, con el primer ministro Keir Starmer obligado a ponerse a la defensiva, entre otras cosas por haber guardado silencio durante mucho tiempo antes de intervenir y hablar de “imágenes desgarradoras” y de pleno apoyo a la IOPC (Independent Office for Police Conduct, Oficina Independiente para la Conducta Policial), que investiga el caso: “Hay preguntas serias a las que la policía tendrá que responder”, ha dicho. Starmer, sin embargo, al igual que la líder de los conservadores, Kemi Badenoch, ataca a quienes —según él— se aprovechan del caso Nowak para crear mayores divisiones en la sociedad británica y trata de minimizar el hecho calificándolo de operación “mal gestionada” por la policía, como si se tratara de un incidente lamentable, pero aislado.
Sin embargo, el comportamiento de la policía y, en general, de las autoridades, dista mucho de ser un incidente aislado, y acierta Nigel Farage —líder de Reform, el partido que ha arrasado en las recientes elecciones locales— cuando habla de “demostración del doble rasero de la policía” y de la situación en la que “algunos grupos reciben mayor protección que otros”. Los inmigrantes (pero no solo ellos), teniendo en cuenta los numerosos programas de inclusión y promoción de la diversidad en los que participan las instituciones británicas y las fuerzas del orden. El Daily Telegraph, por ejemplo, ha revelado recientemente un correo electrónico de un funcionario de la policía de Hampshire (condado al que pertenece Southampton) que revela cómo se instruye a los agentes para que se comporten de manera diferente según el origen étnico de las personas con las que tratan; y explica cómo los ascensos se evalúan en función de los objetivos de diversidad más que por méritos.
Contrariamente a lo que se quiere hacer creer, no se trata de posturas defendidas por extremistas de derecha. De hecho, hay que recordar que en septiembre de 2023 fue la entonces ministra del Interior, Suella Braverman (el primer ministro era el conservador Rishi Sunak), quien escribió una valiente carta a todas las fuerzas policiales, instándolas a abandonar peligrosas ambigüedades que provocan en la opinión pública la percepción de una policía no imparcial, que actúa en función de preferencias ideológicas y políticas. En ese periodo, sobre todo, se habían producido casos sonados en los que la policía mostraba una indulgencia extrema hacia los grupos LGBT, mientras adoptaba una actitud agresiva y rígida contra los activistas que rezaban en silencio cerca de las clínicas de aborto. Como era de esperar, Braverman fue duramente criticada por ello.
Pero sin duda el tema más candente es el de la inmigración y la realidad islámica. En el Reino Unido ya hay precedentes escalofriantes de indulgencia, cuando no de auténtica complicidad, por parte de las instituciones y la policía ante los comportamientos delictivos de algunos grupos étnicos. Todos recordarán el increíble escándalo de las bandas paquistaníes que durante mucho tiempo —entre los años 90 y principios de la década de 2000— causaron estragos en el condado de Yorkshire, reduciendo a esclavas sexuales al menos a 1400 menores blancas. Todo ello ante el silencio de las autoridades locales, que temían ser acusadas de racismo o, peor aún, de islamofobia. Y a pesar de la existencia de un informe detallado que reveló todos los pormenores de estos delitos, aún en enero de 2025 la mayoría laborista en la Cámara de los Comunes impidió que se creara una comisión de investigación que llevara a cabo una investigación nacional sobre estas violaciones masivas.
Por si fuera poco, precisamente en estos días se han dado a conocer nuevas directrices para las fuerzas policiales del sur de Gales, según las cuales los agentes están obligados a grabar las conversaciones de carácter antiislámico. Otra medida liberticida que pretende legitimar de hecho un supuesto delito de islamofobia y que ha provocado la reacción de las asociaciones que defienden la libertad de pensamiento.
Por lo tanto, el comportamiento de los agentes de policía que esposaron a un joven blanco mientras agonizaba dando crédito únicamente a la versión de quien lo había apuñalado, dista mucho de ser un trágico y lamentable incidente. Es más bien la demostración de la “barbarie del Estado del bienestar”, como ha denunciado el columnista Brendan O’Neill. El antirracismo se ha convertido en un arma más letal que la navaja, en un “Estado woke que se ha autoimpuesto la santa misión de descubrir el ‘racismo’ en todas partes, incluso donde no existe”.
También sería un error pensar que todo esto es un hecho que afecta únicamente a Inglaterra. Por el contrario, se trata de un problema que afecta a Occidente en general y a Europa en particular. Basta con ver cómo la prensa minimiza u oculta las noticias relativas a delitos cometidos por inmigrantes y por musulmanes en particular.
El caso de Henry Nowak debería –como mínimo-, abrirnos los ojos ante la realidad y llevarnos a tomar las medidas adecuadas, siempre que no sea ya demasiado tarde.
