Santo Domingo Savio por Ermes Dovico
EE. UU.-SANTA SEDE

Trump-Papa: segunda ronda con la “guerra justa” como telón de fondo

En vísperas de la visita del secretario de Estado estadounidense Rubio, el 7 de mayo, se ha producido un nuevo intercambio de opiniones entre Trump y el Papa sobre la guerra en Irán. No obstante, prevalece el deseo de diálogo, empezando por el tema de los criterios que pueden justificar una intervención militar.

Libertad religiosa 06_05_2026 Italiano English

Menos mal que el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio tenía que limar asperezas entre la administración de EE. UU. y el Papa León XIV en la reunión fijada para el jueves 7 de mayo. El presidente estadounidense Donald Trump, que con sus duras críticas al Pontífice había provocado una fuerte tensión con el Vaticano y también un evidente malestar entre los católicos estadounidenses, ha vuelto a la carga precisamente en vísperas de la reunión de Rubio con el Papa.

Durante un programa de radio la noche del 4 de mayo, respondiendo a la pregunta del entrevistador Hugh Hewitt sobre por qué, en su opinión, el Papa no dice nada sobre el caso de Jimmy Lai —el editor y periodista católico de Hong Kong encarcelado por defender la democracia—, Trump ha vuelto a criticar al Papa por su condena de la guerra contra Irán: “El Papa prefiere hablar de que está bien que Irán tenga un arma nuclear, y no creo que eso sea bueno. Creo que está poniendo en peligro a muchos católicos y a muchas otras personas”.

Es el mismo concepto que ya repitió hace veinte días, cuando también definió a León XIV como “débil frente a la criminalidad y pésimo en política exterior”. Nada nuevo, por tanto, pero el hecho de haber reiterado las críticas en vísperas de la reunión en el Vaticano de su secretario de Estado confiere a estas palabras un peso enorme y potencialmente devastador.

El Papa León, en su ya habitual rueda de prensa improvisada en la calle los martes en Castel Gandolfo, ha respondido con el mismo tono previsible: “Desde el primer momento en que fui elegido (…) dije ‘La paz sea con vosotros’ —ha recordado—. La misión de la Iglesia es predicar el Evangelio, predicar la paz. Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad. La Iglesia lleva años pronunciándose en contra de todas las armas nucleares, así que ahí no hay ninguna duda. Y por eso espero simplemente ser escuchado por el valor de la Palabra de Dios”.

Al mismo tiempo, sin embargo, el Papa Prevost no ha querido exacerbar el conflicto, y al hablar de la reunión de mañana con el secretario de Estado Rubio —un católico practicante— ha asegurado que desea “un buen diálogo” para llegar “con confianza y con apertura” a “entendernos bien”. “Creo que los temas por los que viene no son los de hoy. Ya veremos...”, ha añadido.

También por parte estadounidense ha habido inmediatamente un intento de suavizar los tonos. El propio Rubio antes de partir hacia Italia ha negado que la visita al Vaticano tenga como objetivo aliviar la tensión entre Estados Unidos y la Santa Sede: “Es un viaje que habíamos programado desde antes, y obviamente entretanto han pasado cosas, pero hay muchas cosas de las que hablar con el Vaticano” .

Brian Burch, el embajador estadounidense ante la Santa Sede y también ferviente católico tiene aún más trabajo como “bombero” en este conflicto: “Las naciones tienen desacuerdos —ha declarado a Reuters— y creo que una de las formas de resolverlos es a través de la fraternidad y un diálogo auténtico”. Y Rubio llega al Vaticano —ha recordado Burch— “para mantener una conversación franca sobre la política de EE. UU. y para entablar un diálogo”.

Por lo tanto, la consigna es minimizar el alcance de las intervenciones de Trump y evitar que las declaraciones descontroladas del presidente impidan abordar los verdaderos temas sobre la mesa, que tampoco son fáciles. Empezando precisamente por Oriente Medio.

Pero en las relaciones entre el Vaticano y Estados Unidos también hay importantes intereses económicos que no deben olvidarse aunque no estén directamente vinculados a las relaciones diplomáticas. De hecho, da la casualidad de que el pasado 2 de mayo el Papa León ha recibido en audiencia por primera vez a los miembros de la Papal Foundation, la asociación de millonarios estadounidenses cuyo objetivo es apoyar las actividades de los papas, y que con los años se ha convertido en una de las principales fuentes de financiación de las iniciativas vaticanas. Con el Papa Francisco -por motivos fácilmente intuibles-, este flujo se había reducido al mínimo y ahora se han vuelto a abrir los grifos. Tanto es así que la Papal Foundation ha podido declarar que en 2026 ya se han comprometido “más de quince millones de dólares para 144 proyectos en 75 países”, una cifra récord en los 38 años de historia de la organización.

Por lo tanto, a nadie le interesa crear un antagonismo entre el Papa y el presidente Trump, ni exacerbar las tensiones entre la Santa Sede y Estados Unidos. No tanto porque los generosos donantes católicos estadounidenses sean trumpistas acérrimos, sino porque en el fondo hay tensiones que atraviesan el propio mundo católico estadounidense en torno a algunos temas de especial actualidad. Empezando precisamente por la paz o, mejor dicho, por los límites de la intervención militar.

Existe una polarización creciente entre quienes profesan un pacifismo sin “peros” —que han encontrado su referente en los tres cardenales “bergoglianos” Blaise Cupich, Robert McElroy y Joseph Tobin, firmantes el pasado mes de enero de una inaudita declaración antitrumpista— y quienes, por el contrario, defienden la doctrina de la “guerra justa”, en la que, para algunos, también entraría la guerra contra Irán.

Un ejemplo de ello es el artículo publicado en la edición del 4 de mayo del Wall Street Journal y firmado por el columnista católico William McGurn, dedicado precisamente al enfrentamiento entre Trump y el Papa. McGurn critica la falta de claridad en la Iglesia respecto a la teoría de la “guerra justa”, en la que “la Iglesia sigue creyendo en principio”, pero al mismo tiempo “muchos en la Iglesia han llegado a la conclusión de que, sencillamente, las guerras justas no son posibles”. Según McGurn, hoy en día falta en la Iglesia una visión compartida de los criterios de la guerra justa, lo que genera la actual “confusión”, por lo que “la guerra en Irán puede ser justa en teoría, pero nunca en la práctica”.

En realidad, las cosas son un poco diferentes: el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2308-2309) habla más precisamente de “legítima defensa” y no de “guerra justa”; y establece cuatro criterios precisos: el daño grave causado por el agresor, la falta de alternativas, el uso proporcionado de la fuerza que no cause más daños que los provocados por el agresor y una esperanza razonable de éxito. Aunque se deja a los gobernantes el juicio prudencial sobre la aplicación de estos criterios, debería resultar evidente que la guerra lanzada contra Irán no puede justificarse, aun siendo conscientes de que resulta inquietante la posibilidad de que el régimen de los ayatolás pueda dotarse del arma nuclear. Por último, hay que añadir que el desarrollo de la guerra no hace más que confirmar lo absurdo de esta aventura militar.