San Agustín de Canterbury por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

La grandeza que se convierte en servicio

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir (Mc 10,45)

En aquel tiempo, los discípulos estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder:
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
«Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».

Les preguntó:
«¿Qué queréis que haga por vosotros?».

Contestaron:
«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».

Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».

Contestaron:
«Podemos».

Jesús les dijo:
«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, llamándolos, les dijo:
«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

(San Marcos 10, 32-45)
 

Jesús camina hacia Jerusalén anunciando su pasión, mientras los discípulos se debaten entre el miedo y la ambición. A la lógica del poder opone la del servicio: la verdadera grandeza nace de la entrega de uno mismo, no del dominio. Jesús también nos muestra que la gloria pasa por la cruz. Al aceptarla, el amor se convierte en ofrenda gratuita. ¿Buscas solo el reconocimiento humano o estás dispuesto a servir? ¿Eres capaz de ver en tu vida el valor del don de ti mismo? ¿En qué ocasiones?