FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Seguir realmente a los santos

Herodes había mandado prender a Juan (Mc 6,17)

En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo habla metido en la cárcel, encadenado.

El motivo era que Herodes se habla casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.

Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.

La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.

La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
-«Pídeme lo que quieras, que te lo doy».

Y le juró:
-«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».

Ella salió a preguntarle a su madre:
-«¿Qué le pido?»

La madre le contestó:
-«La cabeza de Juan, el Bautista».

Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
-«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista».

El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.

Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

(San Marcos 6,17-29)


Para ser verdaderamente amigos y devotos de los santos que Dios envía a nuestro tiempo, no basta con dejarse encantar por sus palabras o intentar protegerlos, como hacía Herodes. Es fundamental, en cambio, involucrarse profundamente y poner en práctica los mensajes que transmiten, siguiendo fielmente la voluntad de Dios. En el caso de Herodes, el simple encanto que ejercían las palabras del Bautista no bastó para que cambiara de vida o se liberara de sus pecados. Se necesita valor y determinación para superar los obstáculos que nos separan de la santidad a la que estamos llamados desde el momento de nuestra concepción. Y tú, ¿estás dispuesto a seguir realmente las enseñanzas de los santos o te limitas a admirar su vida y sus milagros? ¿Cómo puedes transformar la palabra de Dios en acciones concretas en tu vida? Comprométete a ponerlo en práctica en las próximas veinticuatro horas.