San Apolinar por Ermes Dovico

San Pacomio

Es considerado el fundador del monacato cenobítico. A él se le atribuyen varias primacías en la historia de la cristiandad

Santo del día 09_05_2023 Italiano English

San Pacomio (292-348) es considerado el fundador del monacato cenobítico. A él se le atribuyen varias primacías en la historia de la cristiandad. Primacías que son aún más sorprendentes si uno piensa que sus padres eran paganos. Y es que la Providencia hace maravillas a través de aquellos que dan su “sí” a la voluntad divina.

Originario de la Alta Tebaida (Egipto), cuando tenía más o menos 21 años le reclutaron a la fuerza para el ejército romano, terminando en un barco con muchos otros reclutas. Una tarde, bajando por el Nilo, llegaron a Tebas. Pacomio quedó impresionado por el comportamiento de algunos habitantes de la ciudad, que hicieron todo lo posible para brindarle alivio a él y a los otros compañeros, dándoles comida y dinero a esos jóvenes maltratados. Queriendo conocer más a sus bienhechores, escuchó la revelación de su fe en “Jesucristo, Hijo único de Dios”.

Poco después, Pacomio fue liberado de sus obligaciones militares y quiso recibir el Bautismo. Oyendo hablar del venerable ejemplo de un Padre del desierto llamado Palemón, decidió unirse a él. Durante siete años creció bajo su dirección espiritual. Casi al mismo tiempo conoció a san Antonio Abad, de quien aprendió otras lecciones importantes. Un día, mientras estaba recogido en oración cerca de una localidad conocida como Tabennisi, oyó una voz que le ordenó construir un hogar para los monjes que Dios le enviaría. Así fue como, alrededor del año 320, nació el primer monasterio cenobítico (quizás el primero de los monasterios de verdad); es decir, diseñado para la vida en común. Esto representaba una novedad en comparación con el monacato vivido por los anacoretas y, en una forma aún más radical, por los ermitaños. Su hermano Juan se unió a él y en un tiempo relativamente corto el monasterio de Tabennisi llegó a albergar a unos cien monjes.

Fue el propio Pacomio quien escribió la regla monástica más antigua que se conoce. Su fama se extendió por todo el Oriente cristiano, también gracias a las numerosas conversiones que realizó y al celo con el que defendió la ortodoxia de los herejes arrianos. En el 333, recibió la visita de san Atanasio. Más tarde también recibió a san Basilio el Grande, que era mucho más joven que él. Este último tomó de Pacomio varias de las ideas que luego se trasladaron a la Regla basiliana, la más extendida en el monacato oriental.

Al santo egipcio también se le atribuye la propagación entre los monjes de la cuerda de oración, cuya idea se remonta a san Antonio. En esa época, era común la recitación diaria de los 150 Salmos. Pero para los religiosos analfabetos que no podían memorizar todo el Salterio, surgió la cuestión de recitar un número adecuado de oraciones alternativas. Se dice que fue Pacomio quien sugirió a sus monjes (que, a su muerte, ya estaban dispersos en los siete u ocho monasterios fundados por él) que usaran la cuerda para mantener el recuento de las oraciones, según la práctica que se volverá común a lo largo de los siglos entre los fieles gracias al Santo Rosario.