San Nicolás de Flüe

Campesino, soldado, ermitaño, místico, salvador y patrono de Suiza. Los suizos lo llaman Bruder Klaus, «hermano Nicolás» y, ciertamente, nadie mejor que ellos conoce en el mundo la influencia que este santo ha tenido en la historia del país helvético

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Campesino, soldado, ermitaño, místico, salvador y patrono de Suiza. Los suizos lo llaman Bruder Klaus, «hermano Nicolás» y, ciertamente, nadie mejor que ellos conoce en el mundo la influencia que este santo ha tenido en la historia del país helvético. San Nicolás de Flüe (1417-1487) nació en una familia de campesinos y, cuando era joven, participó en las guerras contra los Habsburgo. Se casó con Dorotea Wyss y el matrimonio tuvo diez hijos, cinco hombres y cinco mujeres. No sabía ni leer ni escribir, pero se interesó por la política de su nación, que entonces estaba tomando forma, y fue diputado en la Dieta Federal, consejero y juez. Abandonó el cargo de magistrado porque no consiguió abolir una sentencia injusta.

Con 16 años tuvo su primera experiencia mística, pero su crecimiento espiritual no maduró repentinamente, sino que le ayudó un sacerdote que le hizo conocer el grupo de los Gottesfreunde (Amigos de Dios). Un día, al culmen de una profundización intensa de su fe, rezó a Dios pidiéndole la gracia de adorarLe con fervor. Vio una nube, de la cual sintió que provenía una voz que le ordenaba abandonarse a la Voluntad divina. Tenía 50 años. Comprendió que tenía que dejarlo todo para obtener el céntuplo, como había prometido Jesús, y pidió tres gracias: obtener el permiso de su mujer y de sus hijos mayores, no tener la tentación de volver atrás y poder vivir sin alimentarse. La Providencia accedió a todo y así, el 16 de octubre de 1467, se despidió de su «queridísima esposa» e hijos, y se puso en camino.

Otro signo divino le hizo comprender que tenía que desarrollar su misión en su patria y, por tanto, decidió vivir en soledad en un valle del Ranft, no lejos de su casa. A partir de entonces, y durante casi veinte años, hasta el día de su muerte, se nutrió sólo de la Eucaristía, un hecho sobre el que existen indiscutibles testimonios históricos. Llenos de curiosidad y atraídos por su vida de oración y penitencia, los habitantes del valle construyeron una pequeña iglesia cerca de su celda de madera. A un visitante que le preguntó como meditar sobre la Pasión de Cristo, le respondió: «Cualquier vía que elijas es buena: Dios hace que la oración sea tan dulce para el hombre que este se sumerge en ella como si fuera a bailar; sin embargo, Dios sabe también que dicha vía tiene que ser para él como una lucha». En su eremitorio tuvo una visión intensísima de Dios e hizo pintar en su capilla una gran rueda, cuyos rayos representan tanto el amor dentro de la Santísima Trinidad, como también las vías de misericordia elegidas por Dios para descender entre nosotros y elevarnos hacia Él, a través de la Encarnación, la Pasión y los Sacramentos.

La noche del 21 de diciembre de 1481, cuando la antigua Confederación estaba a punto de una guerra civil, un amigo fue a verle convencido de que el consejo de Nicolás era la última esperanza para un acuerdo entre los delegados de la Dieta Federal. Y así fue. Gracias al mensaje del santo, al día siguiente todos los cantones firmaron un pacto inesperado y decisivo, la Convención de Stans. Una carta escrita el 29 de diciembre desde el Canton de Soleura le agradecía su intervención así: «Al venerable y pío hermano Nicolás de Unterwalden, nuestro buen y fiel abogado. Sabemos que por gracia de Dios omnipotente y de su amada Madre, mediante vuestros fieles consejos y pareceres habéis restablecido la paz, la calma y la unión en toda la Confederación […]. Alabamos y damos gracias al verdadero Dios, a toda la corte celestial y a vos como amante de la paz». Beatificado en 1669, fue canonizado en 1947 por Pío XII, que lo proclamó patrono de Suiza. Es también copatrono de la Guardia Suiza Pontificia.
 

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