San Juan de Capistrano

Fue amigo de san Bernardino de Siena y le apoyó tanto en la devoción al Santísimo Nombre de Jesús como en la reforma de la Observancia franciscana. Es conocido también por su papel en el asedio de Belgrado, en defensa de una cristiandad ya angustiada por la toma musulmana de Constantinopla

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San Juan de Capistrano (1386-1456) ha sido un gran protagonista de su tiempo. Es conocido también por su papel en el asedio de Belgrado, en defensa de una cristiandad ya angustiada por la toma musulmana de Constantinopla.

La madre era una noble de Abruzo, casada con un barón alemán. La juventud de Juan no fue fácil. De niño quedó huérfano de padre, asesinado por un grupo rival. Más tarde estudió derecho y fue juez en Perusa de cuenta del rey de Nápoles, pero cuando la ciudad cayó en manos de los Malatesta terminó en prisión. En la cárcel, que le marcó profundamente, tuvo dos visiones: en una se le apareció san Francisco, que le exhortaba a trabajar para Dios; en la otra, una multitud de pueblos en tinieblas, en medio de los cuales se filtraba un rayo de luz.

Cuando salió de la prisión, Juan entró en los franciscanos. Por su fama de jurista y sus habilidades diplomáticas, los pontífices que conoció le confiaron diferentes encargos, entre los cuales el de inquisidor. Se opuso a los Fraticelli, una corriente separada de la Orden franciscana que había sido declarada herética. Fue amigo de san Bernardino de Siena y le apoyó tanto en la devoción al Santísimo Nombre de Jesús como en la reforma de la Observancia franciscana (que se proponía observar la Regla en todo su rigor, pero siempre en obediencia a la Iglesia). Predicador extraordinario, consiguió muchas conversiones al cristianismo, entre las cuales de algunos judíos. Recorrió en misión Europa central buscando la conversión de los husitas. Célebres son sus predicaciones contra la usura. Para educar a la piedad cristiana recordaba a menudo la muerte violenta de su padre, sosteniendo la belleza del perdón.

Ya anciano, le exhortaron a predicar la cruzada contra los turcos, que amenazaban la Europa cristiana. Durante meses recorrió Hungría, Alemania y Austria, se encontró con autoridades seculares y religiosas, y predicó a las poblaciones sobre la necesidad de defenderse del expansionismo musulmán. Consiguió reunir miles de hombres, los unió a las fuerzas del húngaro Juan Hunyadi y en julio de 1456 - mientras Calixto III instituía el toque de campana de mediodía para invitar a los cristianos a orar - defendió Belgrado del asedio del imponente ejército turco, guiado por Mehmed II. «Avanzando o retrocediendo, golpeando o golpeados, invocad el nombre de Jesús. Solo en él está la salvación», gritaba durante la batalla que paró el avance de los turcos. A la luz de la incansable obra del santo, se comprende por qué Pío XII, en el quinto centenario de la muerte, le llamó «apóstol de Europa», «atleta de Dios» y «modelo de catolicidad».

Patrono de: Capellanes militares, juristas

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