San Juan Bautista de La Salle

Las innovaciones en campo educativo de san Juan Bautista de La Salle (1651-1719) han sido tan importantes que lo han convertido en un gigante en la historia de la pedagogía. No es casualidad que Pío XII lo proclamara patrono de los educadores y los profesores

Italiano

Las innovaciones en campo educativo de san Juan Bautista de La Salle (1651-1719) han sido tan importantes que lo han convertido en un gigante en la historia de la pedagogía. No es casualidad que Pío XII lo proclamara patrono de los educadores y los profesores, reconociendo cuán bueno era su método, que ha formado a generaciones de niños y jóvenes, partiendo de los más pobres. Un método que ha garantizado, a lo largo de los siglos, una instrucción de calidad a los estudiantes basándose en este pilar: «Haced que recen juntos y que vivan siguiendo a Jesucristo».

Su fe se conciliaba a la perfección con su espíritu práctico. Basta pensar que el santo francés fue el primero en organizar escuelas nocturnas y dominicales para los trabajadores, en idear la formación profesional moderna y en crear institutos específicos para la preparación moral y cultural de los profesores (anticipando las actuales Escuelas normales francesas).

Primero de diez hijos, nació en Reims en una familia noble de juristas. Juan Bautista se formó en la Sorbona y en el famoso Seminario de San Sulpicio, cuya espiritualidad le marcó profundamente. Fue ordenado sacerdote en 1678 y dos años después se doctoró en Teología. Mientras tanto, en 1679, había conocido al laico Adrián Nyel, un benefactor cristiano que ya había abierto algunas escuelas para los pobres. Con la colaboración de Nyel fundó su primera escuela gratuita para los más necesitados. Consciente de la necesidad de formar profesores válidos, empezó a reunir a maestros jóvenes con vocación religiosa. El 25 de mayo de 1684, estos maestros se constituyeron formalmente en la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (comúnmente conocidos como “lasalianos”), el primer instituto religioso masculino formado todo él por laicos consagrados, dedicados a llevar a cabo su misión, ante todo, en las aulas escolares.

Entre las novedades de su sistema hay que recordar el desarrollo de las lecciones en las aulas (y no de manera individual), y la prioridad de la lectura y escritura en la lengua vernácula, posponiendo el estudio del latín. La idea era proporcionar una instrucción básica gratuita a los niños de las clases populares, con ejercicios y conceptos adecuados a su acceso al mundo del trabajo. Como premisa de todo estableció la enseñanza del catecismo durante media hora al día, porque consideraba indispensable educar a los alumnos a las virtudes cristianas. A sus discípulos les decía muy claramente: «Sois los sucesores de los apóstoles en su misión de catequizar e instruir a los pobres; si queréis que vuestro ministerio sea útil a la Iglesia, debéis enseñarles el catecismo todos los días, presentando las verdades fundamentales de nuestra religión, según el ejemplo de los apóstoles, que es, ni más ni menos, el de Jesucristo, que se dedicaba cada día a esta misión».

Escribió una obra de catequesis con preguntas y respuestas, un manual de urbanidad, un Oficio de la Virgen María para las Escuelas cristianas, etc. La suya era una fe encarnada, que tendía naturalmente a la educación. Por este motivo quiso organizar la jornada escolar siguiendo diversas prácticas cristianas: la Misa, el Rosario, las oraciones antes y después de las lecciones. Estaba convencido de que encomendarse a Dios era un principio fundamental para el crecimiento justo de los niños. «Infundid en los alumnos un comportamiento recogido en la iglesia; educarles a la sencillez y humildad recomendadas por el Señor en el Evangelio; haced que adquieran dulzura, paciencia, amor y respeto por sus padres». Parece justo lo contrario de lo que dicta hoy el laicismo. El programa del santo era, por tanto, un verdadero programa de virtudes, con una calidad didáctica que da envidia y un carisma que se ha difundido en las escuelas de los lasalianos en los cincos continentes. Enseñaba: «Es una buena regla moral no hacer distinciones entre los intereses inherentes a nuestra profesión y los de la salvación».

Patrono de: profesores y educadores

Para saber más: Algunas obras de san Juan Bautista de La Salle (en italiano)

Italiano