San Isidoro de Sevilla

La primera enciclopedia nació del genio de san Isidoro de Sevilla (c. 560-636), y es por esta razón por la que, durante el pontificado de Juan Pablo II, se le propuso como patrono de Internet y de quien trabaja en este ámbito

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La primera enciclopedia nació del genio de san Isidoro de Sevilla (c. 560-636), y es por esta razón por la que, durante el pontificado de Juan Pablo II, se le propuso como patrono de Internet y de quien trabaja en este ámbito, en respuesta a una iniciativa que partió de un grupo de usuarios de la red. Por ello, a partir de entonces está considerado el patrono de la red, aunque es cierto que falta una proclamación oficial. Tradicionalmente considerado el último de los Padres de la Iglesia de lengua latina, Isidoro se quedó muy pronto huérfano de padre y fue criado por su hermano mayor Leandro (c. 534-599), el mayor de los cinco hijos, de los cuales cuatro, a saber: Leandro, Florentina (fundadora de numerosos monasterios), Fulgencio (obispo de Écija) y el propio Isidoro se consagraron a la vida religiosa y son venerados por la Iglesia. Esto nos hace imaginar el aire de santidad que se respiraba en su familia.

Isidoro nació cuando España estaba bajo el dominio de los visigodos. Junto a sus hermanos fue determinante para la unificación del reino a la luz del Credo niceno. Dicha unificación se inició con la conversión del rey Recaredo (arriano) en el 587 (precedida por la de su hermano Hermenegildo, santo y mártir), ratificada solemnemente dos años más tarde en el III Concilio de Toledo, cuando Leandro pudo decir: “De repente, nuevos pueblos han nacido para la Iglesia”. A la muerte de su hermano mayor, Isidoro le sucedió como arzobispo de Sevilla, convirtiéndose en uno de los representantes más autorizados de toda la Iglesia. Presidió el IV y V Concilio de Toledo (633 y 636). Como Leandro, también Isidoro dio gran importancia a la liturgia, difundiendo cantos, formas litúrgicas y oraciones, que contribuyeron a consolidar en todo el reino el rito mozárabe (llamado también hispánico o isidoriano). Se preocupó por la formación de los sacerdotes y, a este fin, fundó un colegio eclesiástico, antecedente de los futuros seminarios.

Su obra más famosa es conocida con el nombre de Etimologías, un texto enciclopédico que representa una magnífico compendio de todo el saber de la época. La obra se llama así porque expone las distintas voces, ordenadas según su materia (gramática, retórica, dialéctica, matemática, música, astronomía, medicina, agricultura, lenguas, teología, etc.), a partir de su etimología. Isidoro la escribió en plena madurez, por invitación de san Braulio, al que se debe la subdivisión en veinte libros. La enciclopedia tuvo una enorme popularidad en toda la Edad Media, gracias a la simple y eficaz exposición de la cultura clásica grecorromana, y fue apreciada por mentes tan ilustres como santo Tomás de Aquino y Dante Alighieri. Este último citó al santo español en el X canto del Paraíso: “Mira cuál centellea el espíritu de Isidoro […]”.

En su amplia producción también se incluyen obras de exégesis bíblica e histórica. De particular importancia, siguiendo las huellas de san Agustín y san Severino Boecio, fue la aportación que Isidoro realizó como teórico de la música, a la que atribuía un significado muy elevado porque vinculaba su existencia a las leyes divinas que gobiernan el universo: “Sin la música, ninguna disciplina puede ser perfecta, puesto que nada existe sin ella”. Por su sabiduría, unida a una gran caridad y humildad, poco después de su fallecimiento fue aclamado con el título de Doctor egregius. Ya en edad moderna, en 1722, Inocencio XIII lo proclamó Doctor de la Iglesia.

Para saber más: Catequesis de Benedicto XVI sobre san Isidoro (18 de junio de 2008)

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