Santa Catalina Drexel por Ermes Dovico
EE. UU. CONTRA IRÁN

Una guerra sin perspectivas que deja fuera de combate a Europa

Una vez más, EE. UU. e Israel parecen tener todo el interés en desestabilizar zonas que, desde el punto de vista energético y geopolítico, se encuentran en el “patio trasero” de los europeos. Lo único seguro es que el conflicto afectará duramente a Europa y a sus intereses económicos, empezando por el suministro de petróleo.

Internacional 03_03_2026 Italiano English

Mientras en Europa la política se divide entre el apoyo y la crítica a la aventura militar israelí-estadounidense contra Irán, la única certeza por el momento es que el conflicto volverá a afectar duramente a Europa y a sus intereses estratégicos y económicos. No solo porque no hay perspectivas ni planes para gestionar políticamente esta crisis una vez terminados los bombardeos, sino sobre todo porque la inteligencia estadounidense y el Pentágono han confirmado que no había elementos que hicieran prever un ataque iraní contra Israel y las bases estadounidenses en Oriente Medio.

Al igual que en 2003, cuando la Administración Bush justificó la invasión de Irak con las armas de destrucción masiva en manos del régimen de Sadam Husein que posteriormente resultaron inexistentes, hoy Donald Trump sostiene –en contra de todos los informes internacionales- que Irán estaba a punto de atacar a Estados Unidos y de fabricar armas nucleares. Curiosamente, el mismo Trump había declarado en junio de 2025, tras los bombardeos de los B-2 sobre las instalaciones nucleares iraníes, que el programa nuclear de Teherán había sido cancelado.

Benjamin Netanyahu sostiene desde hace más de veinte años que Irán está a punto de dotarse de armas atómicas, pero nunca ha abierto a las inspecciones internacionales el arsenal nuclear israelí, que Tel Aviv nunca ha admitido poseer, pero que contaría con unas 150 ojivas con misiles balísticos de largo alcance.

Europa es una vez más víctima designada de la iniciativa militar de naciones, Estados Unidos e Israel, a las que se obstina en considerar aliadas, a pesar de que ningún europeo ha sido avisado por Estados Unidos del inminente ataque a Irán.

Los militares europeos que corren el riesgo en Irak y Kuwait (hoy como en la guerra de los 12 días de junio de 2025) de verse envueltos en la respuesta iraní con misiles contra las bases estadounidenses, están desplegados allí para ayudar al Gobierno de Bagdad a combatir al Estado Islámico, no para servir de blanco tras los ataques estadounidenses a Irán.

La decisión británica de no participar en los ataques contra Irán pero de permitir a Estados Unidos utilizar sus bases en Chipre ha llevado la guerra a las puertas de Europa.

Los misiles y drones iraníes lanzados contra las dos bases británicas en Chipre, territorio británico desde el punto de vista jurídico, exponen de hecho a un Estado miembro de la UE (cuya presidencia semestral ostenta ahora Nicosia) a un conflicto que amenaza con inflamar todo Oriente Medio y el Mediterráneo oriental.

Una vez más, Estados Unidos e Israel parecen tener todo el interés en desestabilizar zonas que, desde el punto de vista energético y geopolítico, se encuentran en el “patio trasero” de los europeos y que nos conviene mantener estables.

Tras renunciar a la energía en cantidades infinitas y a precios asequibles que ofrece Rusia, hoy Europa es la primera en pagar el precio de la guerra en Oriente Medio y del cierre del estrecho de Ormuz, así como de la reanudación de los ataques de las milicias hutíes contra los buques mercantes que transitan por el Mar Rojo desde y hacia el Mediterráneo.

Una especie de “tormenta perfecta” que sin duda beneficia a Washington, que verá así aumentar las exportaciones de petróleo y gas a precios elevados, cuya alza garantiza a Estados Unidos la continuidad de la extracción mediante la técnica de fracturación hidráulica (fracking), que deja de ser rentable si los precios bajan de los 62 dólares por barril.

El domingo, Trump afirmó que el efecto del ataque a Irán sobre el precio del petróleo podría ser menos fuerte de lo que piensan los analistas, que hipotetizan un fuerte aumento “si las cosas van mal. Veremos qué pasa”.

El Brent cerró el viernes cotizando a poco menos de 73 dólares por barril, pero ayer alcanzó los 82 dólares, tras haber subido ya más de un 20% desde principios de año, en parte en previsión de un ataque contra Teherán. Aunque la OPEP acordó aumentar su producción en 206.000 barriles diarios a partir de abril, los analistas creen que el petróleo adicional tendrá un impacto limitado en el mercado si continúan las interrupciones en el suministro debido a la escalada del conflicto.

La actividad en el estrecho de Ormuz, por donde transita más de una quinta parte del petróleo, el 20% de los productos petrolíferos y el 20% del gas mundial, se ha detenido a raíz de la guerra, con decenas de petroleros bloqueados alrededor del acceso al estrecho, mientras que las compañías de seguros han advertido de que las primas aumentarán bruscamente para cualquier barco que desee transitar por el estrecho.

El precio del gas también se ha disparado tras el anuncio de la suspensión de la producción de GNL de Qatar: ayer, en Ámsterdam, el TTF subió hasta los 49 euros por megavatio hora antes de bajar a 44,5 al cierre del mercado. Según Assium, la asociación italiana de gestores de servicios públicos, que ha estimado el posible impacto del conflicto en el gasto energético, millones de europeos corren el riesgo de sufrir en breve un aumento en las facturas de gas y electricidad.

En caso de un aumento del 10% en las tarifas tanto de la luz como del gas, el gasto adicional se situaría en torno a los 207 euros anuales por familia (135 euros por el gas y 72 euros por la electricidad); en caso de un aumento del 20% en el gas y del 15% en la electricidad, el incremento sería de 378 euros anuales (+270 euros en gas, +108 euros en electricidad); en caso de un aumento del 30% en el gas y del 25% en la electricidad, el incremento sería de 585 euros anuales (405 euros en gas y 180 euros en electricidad).

“Prevemos de nuevo una elevada volatilidad de los precios de la energía hasta que se calmen las tensiones”, ha afirmado Aurelio Regina, delegado del presidente de Confindustria para la Energía, en una audiencia ante la Comisión de Actividades Productivas de la Cámara de Diputados. Para Gianclaudio Torlizzi, fundador de T-Commodity y asesor del ministro de Defensa, “si se mantuviera el bloqueo de los flujos de gas y petróleo que transitan por Ormuz, el petróleo y el gas natural podrían alcanzar los 90 dólares por barril y los 50 euros por MWh, respectivamente”. Para el analista, “la campaña israelí-estadounidense debe interpretarse en el contexto de la guerra fría 2.0 entre Washington y Pekín. El objetivo: estrangular los canales de suministro energético de China y relanzar el dominio sobre las tierras raras. A día de hoy, Moscú podría convertirse en el único proveedor de crudo con descuento para Pekín”.

China, India y otros países asiáticos presumiblemente aumentarán las importaciones de energía rusa, incluso a riesgo de desafiar los aranceles y sanciones de Washington. Un camino que Europa se ha cerrado a sí misma, en parte por la ceguera de sus líderes y en parte por haber seguido los dictados de sus “aliados” estadounidenses.

Y con amigos así, ¿quién necesita enemigos?