Roma y San Pío X: las etapas de un acuerdo rechazado continuamente
Acuerdos que “casi” llegaban a buen puerto, rotos por repentinos cambios de rumbo que marcaron la ruptura de treinta años entre la Fraternidad fundada por monseñor Lefebvre y la Santa Sede. Una historia que hay que repasar para comprender mejor el “fenómeno lefebvriano” y la problemática de sus posiciones.
El anuncio de las consagraciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha desatado de nuevo el entusiasmo en la web. En la Brújula Cotidiana (La Nuova Bussola Quotidiana en su edición original en italiano) ya han aparecido varios artículos que tratan de explicar por qué la Fraternidad cometerá un acto cismático con estas consagraciones, juicio que la Santa Sede emitió en 1988 y que ya ha anunciado también con respecto a las próximas. Quizás el lector pueda hacerse una idea más adecuada del “fenómeno lefebvriano” repasando algunas etapas de la historia de las relaciones entre la Fraternidad y la Santa Sede, tomando conciencia de la línea del actual gobierno de la FSSPX y conociendo algunas de sus problemáticas posiciones que, si se aceptaran “tal cual”, provocarían una mayor confusión y división en la Iglesia. Por tanto, afrontaremos tres temas en tres artículos diferentes.
Comencemos por los años cercanos a la primera ruptura, la de 1988. Monseñor Lefebvre, exasperado por el escándalo del encuentro interreligioso de Asís (1986) y decepcionado por la fría y escueta respuesta de la Santa Sede a sus dubia relativas a la libertad religiosa (1987), decidió anunciar públicamente su intención de consagrar obispos, en la homilía del 29 de junio de 1987: “Ante esta oscuridad de Roma, ante este rechazo a volver a la Verdad y a la Tradición, nos parece que el buen Dios pide que la Iglesia continúe. Por eso, es probable que yo deba, antes de rendir cuentas de mi vida al buen Dios, realizar ordenaciones episcopales”.
El cardenal Ratzinger respondió al anuncio invitando a monseñor Lefebvre a una reunión en la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante la cual propuso a la Fraternidad una estructura jurídica que protegiera su justa autonomía, el uso del Misal de 1962, obispos auxiliares y el mantenimiento de sus propios seminarios. También acordaron el próximo nombramiento de un cardenal visitador, que resultaría ser el cardenal Éduard Gagnon. El cardenal se mostró muy abierto y disponible, y su impresión sobre la formación sacerdotal ofrecida a los seminaristas fue positiva. La visita apostólica acababa de terminar (8 de diciembre de 1987) cuando, el 4 de febrero de 1988, Lefebvre declaró por sorpresa a Le Figaro que, en cualquier caso, tenía la intención de ordenar a tres obispos, con o sin la aprobación de Juan Pablo II.
Era evidente que monseñor Lefebvre no confiaba en Roma y tenía sus razones, dado el duro trato que había sufrido a lo largo de los años desde la supresión jurídica de la FSSPX. También es cierto que Lefebvre no fue en absoluto “suave” en sus opiniones. En la famosa Declaración del 21 de noviembre de 1974, Lefebvre trazaba una línea infranqueable con respecto a la reforma litúrgica: “Esta reforma, al haber surgido del liberalismo y del modernismo, está total y completamente envenenada; nace de la herejía y termina en la herejía, aunque no todos sus actos sean formalmente heréticos. Por lo tanto, es imposible para todo católico consciente y fiel adoptar esta reforma y someterse a ella de cualquier manera”.
A pesar de la ducha fría que supuso la entrevista a Le Figaro, la Santa Sede decidió continuar las negociaciones y se llegó al famoso Protocolo del 4 de mayo de 1988: la FSSPX podía erigirse como Sociedad de vida apostólica, beneficiándose de una comisión creada ad hoc para sus relaciones con la Sede Apostólica y los demás obispos; también podría tener un obispo, elegido entre sus propios miembros. Además, los puntos problemáticos del Concilio podrían finalmente discutirse con la Sede Apostólica. El 5 de mayo, el Protocolo fue firmado por ambas partes. Pero al día siguiente, monseñor Lefebvre envió al cardenal Ratzinger su retractación, exigiendo que el obispo prometido fuera ordenado antes del 30 de junio de ese mismo año. El obispo francés pedía así una muestra de la sinceridad de las intenciones de la Santa Sede hacia la FSSPX.
El 24 de mayo, durante una nueva reunión con el cardenal Ratzinger, monseñor Lefebvre subió aún más el listón: no uno, sino tres obispos, y una respuesta de la Santa Sede en el plazo de una semana. El 30 de mayo, Ratzinger informó de que el Papa estaba dispuesto a acelerar el procedimiento normal para el nombramiento de obispos, de modo que se pudiera ordenar a un obispo antes del 15 de agosto. Una vez más, Lefebvre optó por no responder directamente a Ratzinger, sino por poner a la Santa Sede ante una decisión ya tomada: organizó una rueda de prensa para el 15 de junio, en la que anunció que consagraría a cuatro obispos dos semanas después, el 30 de junio. Dos días después, el prefecto de la Congregación de Obispos, el cardenal Gantin, envió un Monitum a monseñor Lefebvre para informarle de las consecuencias de su acto, y ese mismo día, la Santa Sede pidió a todos los miembros de la FSSPX que reconsideraran su posición, asegurándoles que se tomarían medidas para garantizar que la Fraternidad mantuviera su identidad, en comunión con la Iglesia.
Aún así, Lefebvre decidió seguir su camino y consagró a cuatro obispos el 30 de junio de 1988. Juan Pablo II respondió con el motu proprio Ecclesia Dei adflicta (2 de julio), en el que declaraba que “tal desobediencia” conllevaba “un rechazo práctico del Primado romano” y constituía, por lo tanto, “un acto cismático”. Quince sacerdotes y seminaristas, entre ellos el asistente del Superior general de la Fraternidad, el abad Josef Bisig, que tiempo antes había entregado a Lefebvre un estudio sobre la imposibilidad de proceder a consagraciones episcopales contra la voluntad del Papa (descargable aquí), abandonaron la Fraternidad para volver a la comunión de la Iglesia y obtener la erección de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro como sociedad clerical de vida apostólica. Posteriormente se erigieron también la Fraternidad San Vicente Ferrer, fundada por el abad de Blignières, el Opus Mariæ (posteriormente Canónigos Regulares de la Madre de Dios), fundada por el padre Wladimir de Saint-Jean, y el Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote, fundado por monseñor Gilles Wach y el abad Philippe Mora. También se regularizó el monasterio benedictino de Le Barroux, fundado por dom Gérard Calvet.
En 1991, tres de los obispos consagrados por Lefebvre, excomulgados por la Santa Sede, monseñor Tissier de Mallerais, asistido por monseñor de Galarreta y monseñor Williamson, consagraron obispo, de nuevo sin el mandatum del Papa, a Licinio Rangel para la Unión Sacerdotal San Juan María Vianney de Campos (Brasil). En 2001, tras las conversaciones con el cardenal Castrillón Hoyos, la Unión fue erigida por la Santa Sede como Administración Apostólica, dependiente directamente de Roma, con la garantía de la sucesión episcopal.
Las relaciones con la Fraternidad se reanudaron con el pontificado de Benedicto XVI, quien, apenas cuatro meses después de su elección, recibió en audiencia a monseñor Fellay, entonces superior general. Durante el encuentro, Fellay pidió al nuevo Papa señales claras de apertura sincera hacia la FSSPX: levantar las excomuniones, plena libertad del rito romano antiguo y una estructura canónica para acoger a los fieles de la Tradición. La historia posterior demostrará que Benedicto XVI concederá las tres peticiones: el 7 de julio de 2007 promulgará el motu proprio Summorum Pontificum; el 21 de enero de 2009 emitirá el decreto de remisión de las excomuniones y abrirá conversaciones doctrinales con la Fraternidad para llegar a un acuerdo que le dé una estructura canónica que restablezca su plena comunión con la Iglesia, aclarando que, hasta ese momento, los obispos no ejercían un ministerio lícito. Todo lo que la FSSPX había solicitado, Benedicto XVI lo había concedido, enfrentándose a no pocas resistencias.
Las conversaciones doctrinales comenzaron el 27 de octubre de 2009 y concluyeron el 11 de abril de 2011. El 14 de septiembre de 2011, el cardenal Levada presentó a monseñor Fellay un Preámbulo doctrinal (que permaneció oficialmente reservado) y la propuesta de una prelatura personal internacional. El 7 de octubre, en el priorato de Albano Laziale, Fellay reunió a los principales responsables de la Fraternidad para presentarles las propuestas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quienes rechazaron por mayoría el Preámbulo. Pidieron suscribir no el Preámbulo, sino la Profesión de fe del Concilio de Trento, con este posible añadido: “Todos los textos del Concilio Vaticano II deben ser aceptados según el juramento antimodernista”.
El 16 de marzo de 2012, la Santa Sede pidió a la FSSPX que firmara el Preámbulo en el plazo de un mes. Mientras tanto, el 7 de abril de 2012, los otros tres obispos de la FSSPX enviaron a monseñor Fellay una carta en la que advertían al Superior general que no aceptara ningún acuerdo práctico. Hablaremos de esta carta en el próximo artículo: la hemos mencionado para que el lector comprenda cómo la percepción de estar cerca de un acuerdo hizo crecer la oposición interna de la FSSPX, que en pocos años tomó las riendas de la misma.
Entre la FSSPX y la Santa Sede hubo una serie de intercambios para modificar el Preámbulo, entre ellos el envío de una Declaración doctrinal por parte de Fellay, a la que la Santa Sede respondió solicitando una modificación adicional. El 30 de junio, Benedicto XVI intervino directamente, dirigiendo una carta a Fellay en la que planteaba los tres puntos imprescindibles para poder acoger a la Fraternidad en plena comunión: 1. la aceptación del Magisterio como intérprete auténtico de la Tradición; 2. el Vaticano II como parte de esta Tradición, sin perjuicio de la posibilidad de discutir la formulación de puntos concretos de sus documentos; 3. la validez y licitud del Novus Ordo.
Las oposiciones internas a un acuerdo tuvieron su peso y Fellay se vio obligado a dar marcha atrás para evitar rupturas dolorosas que, sin embargo, se produjeron, con la salida de monseñor Williamson y de varios sacerdotes que le siguieron y formaron la “resistencia”. El Capítulo General, el 14 de julio, envió a Roma una comunicación en la que se aclaraba que una eventual regularización canónica de la FSSPX tendría que ser aprobada por un capítulo extraordinario. Monseñor Fellay decidió entonces jugarse su última carta: el 28 de agosto se reunió con monseñor Di Noia, entonces vicepresidente de Ecclesia Dei, para comunicarle la retirada de la Declaración doctrinal que él mismo había enviado a la Santa Sede.
1. Continúa
