San Grato de Aosta

El patrono de la ciudad y diócesis de Aosta, san Grato (siglo V), fue el segundo obispo de la capital valdostana

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El patrono de la ciudad y diócesis de Aosta, san Grato (siglo V), fue el segundo obispo de la capital valdostana. Sucedió a Eustasio, con el que probablemente compartió el origen griego. Se considera que también Grato, como su predecesor, recibió su formación en la comunidad sacerdotal fundada en el IV siglo por san Eusebio de Vercelli, cuya diócesis comprendía originariamente también el territorio de Aosta, la romana Augusta Praetoria.

Encontramos la firma de Grato en una carta enviada a san León Magno como conclusión de un sínodo celebrado en el 451 en Milán, donde el santo - en aquel entonces un simple sacerdote - había ido en representación de su obispo Eustasio. Era el mismo año del Concilio de Calcedonia en el que se leyó la epístola dogmática del papa León (el Tomus ad Flavianum, del nombre del patriarca de san Flaviano de Constantinopla, al que se había dirigido la carta dos años antes como respaldo a su ortodoxia) que condenó la herejía monofisita y reafirmó solemnemente la doctrina de la Encarnación y de la coexistencia de las dos naturalezas, humana y divina, en la única persona de Jesucristo.

A la muerte de Eustasio, Grato lo sucedió en la guía de la diócesis.  No conocemos el año exacto de su nacimiento al Cielo, pero gracias a un epígrafe sabemos que fue enterrado un 7 de septiembre. Actualmente, sus restos están custodiados en la catedral de Aosta, en un relicario de estilo gótico.

Una de sus atribuciones iconográficas más comunes es la cabeza de san Juan Bautista porque, según cuenta una legenda del siglo XIII, no fiable en su conjunto desde un punto de vista histórico (el autor sitúa su vida en la época de Carlomagno, es decir, tres siglos más tarde de las noticias que se tienen del santo obispo), Grato encontró en Tierra Santa la cabeza cortada del Precursor. Lo que de todas formas sí se sabe, por relatos anteriores, es que la cabeza de Juan la llevaron a Italia monjes griegos. En el Valle de Aosta y sus territorios limítrofes, Grato goza de gran popularidad y es particularmente invocado para la protección de las cosechas.

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