San Benjamín

El santo celebrado hoy lleva el nombre del más pequeño de los hijos de Jacob: la vida de este otro Benjamín, diácono y mártir, se desarrolló entre los siglos IV y V. Su martirio tuvo lugar en el contexto de las persecuciones en Persia

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«Predilecto del Señor, morará seguro junto a él, el Altísimo lo protegerá continuamente y él morará entre sus hombros» (Dt 33, 12). El libro del Deuteronomio nos relata cómo Moisés, poco antes de morir, bendijo a los israelitas, representados por las distintas tribus, entre las cuales la de Benjamín, el último de los doce hijos varones de Jacob.

Por el Génesis (Gn 35, 16-20) sabemos que el parto de Benjamín había sido muy doloroso, tanto que llevó a la muerte a su madre Raquel, que antes de exhalar su último aliento había llamado al fruto de su vientre Benoní, «hijo de mi dolor». Jacob, en cambio, lo llamó Benjamín, «hijo de mi derecha», es decir, predilecto. Y Benjamín no sólo será el predilecto de su padre, sino también de sus hermanos, a diferencia de la suerte - por lo menos antes del tiempo de Egipto -, de otro hijo de Raquel y Jacob: José.

El santo celebrado hoy lleva precisamente el nombre del más pequeño de los hijos de Jacob: la vida de este otro Benjamín, diácono y mártir, se desarrolló entre los siglos IV y V. Su martirio tuvo lugar en el contexto de las persecuciones en Persia iniciadas por Yesdegard I, seguidor del zoroastrismo. Según se relata, este cambió de actitud tras el intento, por parte de algunos cristianos de la ciudad de Ctesifonte, de incendiar un templo dedicado al culto del Gran Fuego. Ordenó la destrucción de todas las iglesias y Benjamín fue uno de los que acabó en la cárcel, donde permaneció dos años. Según la tradición hagiográfica, Benjamín debía ser un personaje conocido porque el emperador romano de Oriente, Teodosio II (401-450), al acordar la paz con el rey persa puso como condición su liberación.

El rey respondió que lo liberaría si el santo dejaba de hacer apostolado entre los persas, pero Benjamín se negó, explicando que era su deber anunciar la salvación que viene de Jesucristo. El diácono, gracias a la insistencia del embajador romano ante los persas fue liberado y continuó su obra de evangelización. Mientras tanto, a Yesdegard (†420/421) le había sucedido en el trono su hijo Bahram V, que continuó con las persecuciones. Benjamín fue arrestado de nuevo. Según relata el Martirologio, sufrió el martirio en Ergol «con cañas puntiagudas clavadas en las uñas», porque «no desistió de predicar la Palabra de Dios».

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