• FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Los juguetes abandonados

Yo soy el pan de vida. (Jn 6,35)

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Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». (Jn 6,35-40)


El hambre real que debe ser satisfecha de forma definitiva en el hombre no es material, sino espiritual. Solo así podremos experimentar un poco la felicidad. De hecho, lo que buscamos es la vida eterna, puesto que es la única que puede hacernos experimentar la alegría verdadera. Con las cosas materiales todos actuamos como los niños cuando reciben como regalo un juguete muy deseado y después, a las horas, se olvidan de él y lo abandonan en un rincón de su habitación. Solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es eterno y puede darnos la verdadera felicidad. Busquemos seguir siempre y con constancia la enseñanza de Jesús, para merecer un día la vida eterna.

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