La multitud y el misterio
Tú eres el Hijo de Dios (Mc 3,11)
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacia, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
(San Marcos 3, 7-12)
Una gran multitud busca a Jesús, atraída por sus palabras y sus curaciones, pero él mantiene el control y pide que, por el momento, no se revele el misterio de su identidad. No se deja enorgullecer por la admiración de los demás. ¿Sabes reconocer a Jesús en tu vida cotidiana? ¿Te dejas guiar por él o siempre haces lo que te parece?
