El Vía Crucis
... que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga (Mt 16,24)
En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta».
(San Mateo 16, 21-27)
Jesús revela a los discípulos que el camino hacia la gloria pasa por la cruz. A Pedro le cuesta aceptar a un Mesías que sufre, porque lo ve según criterios humanos. También nosotros estamos llamados a superar la idea de una fe sin dificultades y a acoger la lógica del don. Perder la propia vida por amor a Cristo significa reencontrarla plenamente en la verdadera alegría. ¿Qué cruz te cuesta más aceptar en tu vida? ¿Qué corres el riesgo de perder si solo buscas el éxito personal?
