• NUEVAS HEREJÍAS

El Sínodo alemán quiere abolir el sacerdocio

El Camino Sinodal ha dado luz verde, con un solo voto en contra, a una nueva revisión del texto “La existencia sacerdotal hoy”, dejando prácticamente abierto el debate sobre la abolición del sacerdocio. Una confirmación del “empuje herético” de este Sínodo según el cardenal Cordes. Y una amenaza de cisma que el Papa está llamado a afrontar.

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“No puedo imaginar que demandas como la abolición del celibato y la ordenación de mujeres al sacerdocio puedan acabar con una mayoría de dos tercios en la Conferencia Episcopal o que puedan alcanzar un consenso en la Iglesia universal”. Las preocupaciones sobre el Camino Sinodal Alemán expresadas hace poco tiempo por el cardenal Walter Kasper, uno de los teólogos más respetados por el Papa Francisco y ciertamente nada sospechoso de ser “conservador”, parecen más que fundadas. En efecto, el viernes pasado, a falta de un solo voto, la asamblea plenaria del Synodale Weg dio luz verde a una nueva revisión del texto de base del foro “La existencia sacerdotal hoy”, trasladando el debate sobre la necesidad o no de contar con sacerdotes al grupo de trabajo encargado del tema.

En definitiva, la abolición del sacerdocio en la Iglesia católica sigue en la mesa de discusión de este Camino Sinodal, en clara contradicción con la indicación enviada hace dos años por la Congregación para los Obispos, que recordaba que la “forma de vida sacerdotal” era una de esas cuestiones que “no conciernen a la Iglesia en Alemania, sino a la Iglesia universal” y, por tanto, “no puede ser objeto de deliberaciones o decisiones de una Iglesia particular”. El Papa Francisco, en su famosa Carta al Pueblo de Dios en Camino en Alemania, publicada el 29 de junio de 2019, había subrayado que “los interrogantes actuales, así como las respuestas que damos, exigen, para que se produzca una sana actualización, una larga fermentación de vida y la colaboración de todo un pueblo durante años”. En Frankfurt, sin embargo, hubo un debate de unas pocas horas en el que una mayoría muy ajustada tomó decisiones sobre temas extremadamente delicados, contraviniendo una de las admoniciones papales más recurrentes: “La sinodalidad no es hacer parlamento”.

Comentando con la Brújula Cotidiana las noticias procedentes de Alemania, el cardenal alemán Paul Josef Cordes ha señalado que haber dado luz verde para que un grupo de trabajo investigue la cuestión de si la Iglesia católica sigue necesitando sacerdotes consagrados “revela de forma muy concreta el impulso herético de esta aberración sinodal” y “documenta el intento de abandonar la Iglesia universal (COMMUNIO)”. Para el presidente emérito del Consejo Pontificio Cor Unum, con este pasaje, el Weg Sinodal “propone negar la fe católica vinculante en el significado y el poder del sacramento del Orden”. “Sería bueno –concluye el cardenal Cordes- que el Papa Francisco, con la convocatoria el Sínodo Mundial de los Obispos, interceptase y se opusiera a tales proyectos de división local”.

Además, en vísperas de la cita de Frankfurt, el Papa fue atacado por medio centenar de delegados que criticaron sus recientes decisiones de rechazar las dimisiones del arzobispo de Hamburgo, monseñor Stefan Hesse, de los auxiliares de Colonia, Dominikus Schwaderlapp y Ansgar Puff, y de conceder sólo un descanso al arzobispo y cardenal Rainer Maria Woelki.

La asamblea general se cerró el sábado por la tarde con un fracaso, hasta el punto de que el presidente de la Conferencia Episcopal, Georg Bätzing, tuvo que anticipar la conclusión porque quedaban menos de 150 delegados de los 214 y no había quórum. Entre los ausentes estaban los cardenales Woelki y Marx. Este último, además, en los días anteriores había levantado descaradamente una carpeta verde en señal de aprobación a las palabras de un asistente parroquial a favor de la participación de parejas homosexuales como agentes de pastoral en las iglesias. Esta vez, sin embargo, el golpe de efecto del cardenal no fue suficiente para aplacar la ira de muchos delegados por su débil respuesta al escándalo de los abusos. De hecho, un sacerdote, el padre Christoph Uttenreuther, le criticó por el paso atrás que había dado: “¿Qué clase de renuncia ha sido esa? ¿Quería una confirmación de confianza o estaba realmente harto?”, preguntó retóricamente el sacerdote de la archidiócesis de Bamberg.

La burocratización del Camino Sinodal parece causar ahora decepción incluso entre los que inicialmente apoyaron esta iniciativa con entusiasmo. El jueves pasado, en la apertura de la asamblea plenaria de Frankfurt, Bätzing respondió casi con un tono ofendido al vademécum de la Secretaría General del Sínodo: “Santo Padre, no estamos trabajando en documentos, sino en esperanzas que tendrían que crecer”. Estas esperanzas, sin embargo, soplan un viento de desobediencia hacia Roma y pueden no ser suficientes para quienes habían exaltado el episcopado alemán para la convocatoria del Camino Sinodal.

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