• ENTREVISTA A MONTEDURO

Alarma ACN: “En Ucrania, la libertad religiosa está en peligro”

El mayor riesgo para la libertad religiosa en Ucrania lo corren principalmente las comunidades de las repúblicas de Lugansk y Donetsk, recientemente reconocidas por la Federación Rusa. En Crimea, antes de la ocupación rusa, las organizaciones religiosas que operaban en la península eran 50, mientras que en 2019 su número se había reducido a 9. La Brújula Cotidiana entrevistó a Alessandro Monteduro, director de la sección italiana de Ayuda a la Iglesia Necesitada.

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El mayor riesgo para la libertad religiosa en Ucrania lo corren principalmente las comunidades de las repúblicas de Lugansk y Donetsk, recientemente reconocidas por la Federación Rusa. En cuanto a Crimea, antes de la ocupación rusa, las organizaciones religiosas que operaban en la península eran 50, mientras que en 2019 su número se había reducido a 9. La Brújula Cotidiana conversó con Alessandro Monteduro, director de la sección italiana de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Fundación pontificia que acaba de comprometer un millón de euros para la emergencia.

Doctor Monteduro, ¿qué tipo de ayuda está brindando Ayuda a la Iglesia Necesitada en Ucrania?
Ayuda a la Iglesia Necesitada está presente en Ucrania desde 1963 y, desde entonces, apoya a las comunidades cristianas de los diversos ritos, con particular atención, obviamente, al rito católico. Tenemos una red articulada en todas las diócesis, incluidas las del Este de Ucrania. En Ucrania hay 4879 sacerdotes y religiosos, además de 1350 religiosas. En este sentido, ya hemos tomado medidas desde el viernes pasado, destinando un millón de euros como primera intervención para las iglesias ucranianas. En el pasado ya habíamos aportado varias decenas de millones de euros para apoyar la formación de seminaristas. Durante la última década, los aspirantes al sacerdocio han recibido seis millones y medio de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Desde 1994, hemos apoyado la construcción y el mantenimiento de seminarios latinos y greco-católicos, con más de 9 millones de euros, seguidos de 15,6 millones de euros para la construcción y restauración de monasterios y conventos. Esperamos continuar este trabajo, también gracias a la generosidad de los benefactores, que se están prodigando al máximo en estos días desde Italia y más allá.

Según la información que están recibiendo, ¿qué es lo que más necesitan concretamente las iglesias ucranianas?
El escenario es muy heterogéneo. Hay zonas del país donde, gracias a Dios, el conflicto aún no ha llegado y me refiero a las fronteras con la Unión Europea (Moldavia, Rumanía y Polonia). La situación es diferente para otras ciudades centro-orientales, comenzando por la capital, donde estamos viviendo una espléndida obra de generosidad y fraternidad, con numerosos lugares de oración y formación -iglesias, seminarios, conventos- que han abierto sus puertas a quienes buscaban refugio, con la esperanza de poder seguir siendo zonas francas y no atacables.

En cuanto a su pregunta, acabo de hablar con el director de un seminario en Horodok, a 180 kilómetros de Rumania, y me dijo: “En este momento no necesitamos mucho”, en el sentido de que todavía tienen reservas disponibles. Otras comunidades religiosas no se abastecieron y ahora comienzan a necesitar bienes de primera necesidad. Lo mismo ocurre con quienes viven en zonas donde hay toque de queda. Sin embargo, más que apoyo material, todas las comunidades piden apoyo espiritual y oración comunitaria por el futuro del país. Sienten concretamente la extraordinaria cercanía y solidaridad de las comunidades cristianas y católicas provenientes de Europa y se benefician de ello. Nos envían su agradecimiento y, junto a nosotros, rezan para que esta situación pueda acabar cuanto antes.

¿Dónde se registra la situación más dramática?
Probablemente en Kharkiv, donde las calles están desiertas y la gente se esconde en sótanos, en los búnkeres, en los garajes. El mismo obispo de rito latino de Kharkiv-Zaporižžja ha pasado los últimos días en un búnker con varias familias, al igual que su homólogo ortodoxo.

La crisis que se arrastra desde 2014, ¿qué impacto ha tenido en las relaciones ecuménicas católico-ortodoxas?
Los últimos ocho años ciertamente han sido difíciles. Desde 2014, los problemas relacionados con las comunidades de fe que no se refieren al patriarcado de Moscú se han hecho demasiado evidentes: hablo, por tanto, de las comunidades católicas y pentecostales, pero también de los Testigos de Jehová. En particular, en el ámbito de las dos autoproclamadas repúblicas reconocidas hace unos días por la Federación Rusa, la propia libertad religiosa se ha visto seriamente comprometida en los últimos años: el impacto burocrático (es decir, todo el sistema de registros y autorizaciones) ha hecho que las comunidades religiosas se redujeran a unas pocas unidades. Antes de 2014, en Crimea, había más de 50, hoy son solo 9.

En estos ocho años, en la zona Este de Ucrania se han impedido las agregaciones por motivos de fe. Las organizaciones religiosas que no estaban registradas al 15 de octubre de 2018, de hecho, han sido objeto de represalias. En 2019, por ejemplo, se cortó el suministro de gas a edificios no registrados donde se celebraban servicios religiosos, con la amenaza de más cortes, para limitar el acceso, incluso al suministro de agua y electricidad. Muchos testimonios que nos han llegado confirman que en los últimos años la libertad religiosa ha estado en gran sufrimiento. Este fue el tema de nuestra denuncia: incluso cuando hubo una especie de liason con la Federación Rusa, nunca dejamos de señalar que las comunidades de fe que no se reconocían en el Patriarcado Ortodoxo de Moscú, en realidad, sufrían mucho más que una mera discriminación.

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