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Vacunas para niños: guerra en la dirección de la Iglesia

La recomendación de vacunar a los niños a partir de los cinco años, contenida originalmente en los Documentos de la Pontificia Academia para la Vida (PAV), fue retirada en el último momento por la Secretaría de Estado, pero ha aparecido en el comunicado de una agencia y en una rueda de prensa. El diario católico Avvenire también desafía a la Secretaría de Estado.

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Dicen en Italia que el diablo hace las ollas, pero no las tapas. Probablemente es cierto. Y lo curioso es que esta máxima se olvida a menudo en el propio Vaticano. Así que tenemos que dejar constancia del enésimo y grotesco “incidente” relativo a los dos documentos sobre “Niños y Covid” presentados el miércoles 22 de diciembre en el Vaticano y de los que informamos en nuestra edición italiana. Como se recordará, los dos documentos llevan la firma de la Pontificia Academia para la Vida (PAV), dirigida por monseñor Vincenzo Paglia, y de la Comisión vaticana Covid-19, dirigida por el cardenal Peter Turkson (cuya destitución por el Papa al frente del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, y por tanto también de la Comisión Covid-19, se confirmó).

Pues bien, la agencia de noticias Adnkronos, al dar cuentas del acontecimiento informó de un párrafo que no estaba publicado oficialmente en los documentos, a saber, la recomendación de vacunación de los niños a partir de 5 años. “La Santa Sede impulsa la vacunación de los niños” habría sido, de hecho, noticia de primera plana.

El texto de Adnkronos afirmaba que “el Vaticano también considera ‘recomendable’ la vacuna Covid por encima de los cinco años. En particular, la Academia Pontificia para la Vida, presidida por monseñor Vincenzo Paglia, señala que ‘la vacunación de los menores, a partir de los cinco años, con vacunas de ARNm ha sido ampliamente autorizada, considerando el alto valor de los beneficios en comparación con los riesgos’. Como resultado de ‘esta oportunidad -se lee en el documento presentado hoy-, varios países han ampliado la posibilidad de vacunar a los niños y adolescentes, con diferentes formas y límites, regulados por cada gobierno’. Cabe destacar aquí que, dadas las circunstancias de la propagación actual de la pandemia y la calidad de las vacunas autorizadas, la vacunación de los niños mayores de cinco años puede considerarse aconsejable, en consonancia con una distribución equitativa de las vacunas en todo el mundo’. ‘Las contraindicaciones y los posibles efectos secundarios -señala la PAV-, son mucho menos importantes que los beneficios obtenidos. Por debajo de esta edad todavía se están llevando a cabo investigaciones y evaluaciones para definir mejor cómo proceder’”.

¿De dónde viene este párrafo? Por lo que hemos podido reconstruir, se trata de un párrafo que efectivamente formaba parte del documento original, pero que una intervención directa de la Secretaría de Estado hizo que se eliminara en vísperas de su presentación. Lo que explica también el extraño e insólito comunicado de la Santa Sede -no firmado por nadie sino atribuible a la propia Secretaría de Estado- publicado al final de los dos documentos que “reafirma la posición de la Santa Sede a favor de las vacunas”. Evidentemente es una forma de compensación a la PAV, un compromiso, por el “recorte” del párrafo referente a la vacunación a los niños. Ese párrafo, con un fuerte carácter político, también da un sentido a todo el funcionamiento de la Comisión PAV y Covid, porque de hecho resultaba sorprendente la pomposa presentación de dos documentos que en conjunto eran y son bastante triviales.

Las razones que han llevado a la Secretaría de Estado a hacer este recorte no se conocen, pero son fáciles de adivinar: aunque la línea pro vacunas de la Santa Sede no está en cuestión -y así lo demuestra la nueva normativa que obliga a los residentes y trabajadores de la Ciudad del Vaticano a tener el certificado de vacunación Covid-, la cuestión es ampliamente debatida tanto desde el punto de vista científico como moral y ya ha creado una profunda división en la Iglesia. Baste decir que en los últimos días se ha publicado la “Declaración de Belén”, en la que obispos, sacerdotes y laicos apelan a la jerarquía de la Iglesia para que considere moralmente ilegítimo el uso de estas vacunas “contaminadas por el aborto”, teniendo en cuenta los criterios contenidos en la Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe de hace un año y de las evidencias científicas que han surgido entretanto. Y esto sólo haciendo referencia a la vacunación de adultos: introducir un apoyo total también para la vacunación de niños -sobre la que las reservas de los expertos son mucho mayores- parece realmente demasiado y se considera como echar más gasolina al fuego. Además, la intervención de la PAV ha parecido demasiado política, de apoyo descarado a los gobiernos -empezando por el italiano- que promueven la “operación niños”.

Sin embargo, el bloqueo de la Secretaría de Estado sólo ha tenido éxito a medias. El párrafo ofensivo fue publicado por Adnkronos como si estuviera contenido en el documento final. Dado que el gabinete de prensa de la PAV asegura que no se había entregado ninguna copia embargada a la agencia, está claro que algún miembro de la propia PAV lo envió y luego se “olvidó” de avisar de que el documento había sido modificado. ¿Simple negligencia o deseo de sortear el obstáculo que supone la Secretaría de Estado? No podemos asegurarlo, pero hay indicios que apuntan a esta segunda hipótesis.

En la rueda de prensa, el profesor Alberto Villani, jefe de pediatría y enfermedades infecciosas del Hospital Bambino Gesù de Roma, ha pedido que se vacunara a los niños, “porque las vacunas son seguras y eficaces. Todo niño tiene derecho a roteger su bienestar y el de su familia”. Y fue suficiente para que el periódico de la Conferencia Episcopal Italiana, Avvenire, titulara “Sí a las vacunas para los niños, es un acto de amor”.

Nadie puede dudar de que el profesor Villani y la dirección de Avvenire eran perfectamente conscientes de lo que ocurría entre la Secretaría de Estado y la PAV: las declaraciones de la rueda de prensa y el titular de la portada son, por tanto, un acto deliberado de apoyo al ala radical y pro-vacunas de la PAV. Y en lo que respecta a Avvenire, también un juramento de lealtad al Gobierno de Draghi. El cardenal Parolin y la Secretaría de Estado deberían ponerse a la cola.

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