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¿Vacunar a los africanos? Los problemas son de salud local

Al comienzo de la pandemia de Covid-19, se esperaba que África fuera la más afectada. Pronóstico equivocado. Ahora las organizaciones internacionales están dando prioridad a la vacunación en el continente. El problema no será el aprovisionamiento. Los países africanos también están comprando dosis en grandes cantidades. El problema es la organización local.

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Hace aproximadamente un año, por estas fechas, las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales aún denunciaban el inmenso daño que el calentamiento global estaba causando a África, la catástrofe ambiental y la consecuente crisis humanitaria que azotaba al continente, el más frágil y afectados por el cambio climático, decían. Pedían a los “países ricos”, sobre todo por ser responsables del desastre inminente, que se apresuraran a proporcionar a los gobiernos africanos todo lo que necesitaban para afrontarlo. Un estudio de la ONU estimó que el África subsahariana necesitaría 50.000 millones de dólares al año entre 2020 y 2050. Según algunas organizaciones no gubernamentales, se necesitaban al menos 100 millones. El 30 de enero de 2020, la Comisión Europea anunció la asignación de 216 millones de dólares, la primera parte de un fondo de 2.000 millones para África, muchos de los cuales para invertir en proyectos ambientales.

Luego llegó la Covid-19 y del medio ambiente africano ya nadie se preocupó. La atención se centró en el inmenso daño que la pandemia habría causado en África, el continente más frágil y más afectado por el virus. El Banco Mundial advirtió que la epidemia anularía dos décadas de crecimiento económico y diezmaría a la población. En marzo pasado, el secretario general de la ONU, Antonio Guterrez, declaró que “un pacto global de solidaridad con África era imperativo”. “Habrá millones de muertos, se necesitarán al menos 3.000 millones de dólares”, explicó a la emisora ​​France24. Al mes siguiente, la Comisión Económica de la ONU para África instó a los gobiernos africanos a solicitar la cancelación de las deudas externas contraídas y afirmó que el continente necesitaba de inmediato 100 mil millones de dólares para hacer frente a la emergencia y otros 100 para invertir en incentivos, sin los cuales, según un estudio que se acaba de realizar, 1.200 millones de africanos (prácticamente casi todos) se habrían contagiado y para finales de 2020 las muertes no serían inferiores a los 3,3 millones.

Al 17 de enero de 2021, hay 93.194.942 casos en todo el mundo y 2.014.729 muertes, en África 2.313.130 casos y 52.905 muertes. Aun teniendo en cuenta que sean datos subestimados, es el continente con menos víctimas y también con menos consecuencias a nivel económico: según el Banco Mundial, una reducción del PIB en torno al 3,3 por ciento, que se estima recuperable en 2021.

Por tanto, desde hace unas semanas, la atención se ha trasladado a la urgente necesidad de vacunar cuanto antes a los africanos, los habitantes más pobres y frágiles del planeta, un deber moral imprescindible en nombre “de una fraternidad basada en el amor real, capaz de encontrar al otro que es diferente a mí”, según palabras del Papa, en su mensaje de Navidad. No es la primera vez que el Papa exhorta a no escuchar “las leyes del mercado y de las patentes”, para promover en cambio la búsqueda de una solución para todos, “especialmente para los más vulnerables y necesitados de todas las regiones del planeta”.

El 18 de enero, también Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, lanzó su llamado al mundo: “Estamos al borde de un catastrófico fracaso moral y el precio de este fracaso se pagará con muchas vidas humanas en los países más pobres del mundo porque hay gobiernos y empresas que continúan haciendo acuerdos bilaterales, provocando un aumento de precios, y tratan de saltar la cola poniendo en riesgo a los más pobres”. “No es sólo un imperativo moral, también es un imperativo estratégico y económico” porque la epidemia sin un plan global durará más tiempo con más pérdidas humanas y económicas.

Y una vez más la atención se dirige a África, que no debe ser dejada sola para hacer frente a la crisis. El presidente de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades, John Nkengasong, ya había hablado de una “catástrofe moral” a finales de 2020, “si se retrasa la vacunación en África mientras las regiones más ricas inmunizan a todos sus habitantes. No podemos esperar, necesitamos las vacunas rápido. Los obstáculos para que la vacunación comience en África son los financiamientos y la disponibilidad de las dosis, mientras que las naciones ricas han comprado más vacunas de las que necesitan”.

Una vez más, es como si África estuviera habitada por personas que no pueden decidir por sí mismas y sobre sí mismas. Muchos gobiernos africanos, en cambio, ya se han activado para procurarse las vacunas directamente de los fabricantes y de otros países: China, Canadá, Rusia, Sudán, también de los Emiratos Árabes Unidos. La Unión Africana acaba de confirmar la llegada de 270 millones de dosis, además de los 600 millones ya anunciados. Por otro lado, la preocupación de que África sea dejada sola es completamente infundada. Algunas de las campañas de vacunación más espectaculares y exitosas se llevaron a cabo en el continente: contra la poliomielitis, a partir de la década de 1990, casi logrando erradicar el virus; contra la meningitis A, con dos intervenciones a principios de este siglo, más de 300 millones de personas vacunadas y la casi total desaparición de la enfermedad; desde el año pasado contra la malaria, con una vacuna desarrollada recientemente y ya utilizada en tres estados; contra el ébola, con dos vacunas utilizadas en los últimos tres brotes en la República Democrática del Congo.

Financiamiento y disponibilidad de vacunas no son además los dos obstáculos mayores, como argumenta John Nkengasong. Se encontrarán como siempre se han encontrado, gracias a la OMS y a la generosidad de los “países ricos”. Lo que falta irremediablemente en África y hace que los sistemas nacionales de salud sean inadecuados en mayor o menor medida, incluso en épocas normales, son médicos, paramédicos e instalaciones sanitarias. Liberia tiene 4 médicos por cada 100.000 habitantes, la República Centroafricana tiene siete, Zimbabwe tiene 19. Uno de los estados con más médicos es Sudáfrica con 91, que al comienzo de la pandemia era el único país africano -junto al Senegal- con un centro de análisis capaz de examinar hisopos.

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