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ESTUDIOS

Una investigación de baja relevancia contra la Sábana Santa

Cicero pro domo sua: vuelve Cicero Moraes, el científico que el verano pasado publicó un estudio que considera que la imagen del Santo Lino fue producida por un bajorrelieve. Una tesis infundada, como su torpe réplica, que ignora y distorsiona los estudios de otros con tal de negar esa incómoda presencia.

Ecclesia 12_02_2026 Italiano English

Imposible olvidar el “tema candente” del verano pasado, con la noticia de que la imagen de la Sábana Santa habría sido producida por un bajorrelieve. Se podría decir que era una investigación de relevancia baja, o más bien nula. En aquel momento, el 4 de agosto, hablamos de ello porque aunque parezca mentira, este estudio se había publicado en la prestigiosa revista Archaeometry de la Universidad de Oxford, la misma que en 2019 había acogido nuestro desmentido definitivo a la datación medieval de la Sábana Santa.

Inmediatamente después enviamos nuestra solicitud a Archaeometry para que publicara un comentario escrito por mí junto con dos estudiosos del Sudario, Tristan Casabianca y Alessandro Piana. Destacamos algunos puntos inaceptables del trabajo de Cicero Moraes, sobre todo el más grave: por decisión propia no ha querido tener en cuenta todos los aspectos del Sudario. No le interesan los estudios de eminentes científicos, publicados en revistas de referencia. Y no los tiene en cuenta no solo en aspectos que no se refieren a la formación de la imagen, como las microhuellas y la sangre, sino tampoco en lo que respecta a las investigaciones realizadas sobre el origen de la imagen, tema sobre el que pretende hacer afirmaciones contra la autenticidad de la Sábana Santa y tener la última palabra. Una arrogancia científicamente inaceptable. Es ridículo pretender abordar el estudio de un objeto tan complejo como la Sábana Santa sin conocer los resultados de las investigaciones ya realizadas.

Moraes decidió a priori en su estudio que no hubo un cadáver en la Sábana Santa. Por lo tanto, emprende este camino equivocado y lo recorre con seguridad, satisfecho con su elección. Todas nuestras críticas a su trabajo, que ahora han sido publicadas por Archaeometry, ya las conocían porque aparecían en el artículo de agosto. La novedad ahora es que Moraes ha respondido a nuestras críticas.

Esto es lo que afirma en el resumen: “La respuesta a los comentarios de Casabianca et al. (2025) tiene por objeto aclarar los malentendidos interpretativos y reafirmar la coherencia metodológica del estudio Image Formation on the Holy Shroud—A Digital 3D Approach. Las críticas presentadas ignoran el ámbito declarado de la investigación, de naturaleza estrictamente metodológica, centrado en la evaluación de la deformación morfológica en la proyección del cuerpo sobre el tejido. El uso exclusivo de la región frontal, la elección de las fuentes visuales y la contextualización histórica basada en las efigies funerarias son coherentes con el objetivo propuesto y se reflejan en estudios anteriores. La respuesta subraya la transparencia de los datos, la replicabilidad del experimento y la legitimidad del enfoque científico adoptado, refutando las acusaciones de defectos conceptuales o históricos”.

No hay nada que hacer, Moraes persiste en su decisión de ignorar los estudios de otros científicos, pero en realidad con una distinción nada desdeñable: descarta los que sostienen la autenticidad de la Sábana Santa y evalúa los que la niegan. Se refiere a esto cuando escribe que sus elecciones “encuentran eco en estudios anteriores”.

Pero va más allá: intenta confundir al lector con citas parciales, utilizadas distorsionando su significado.

He aquí un ejemplo. En su réplica, escribe sobre la “afirmación comúnmente aceptada de que los estudios del Shroud of Turin Research Project (STURP) habrían indicado que la imagen no procedía de la pigmentación; sin embargo, según Heller y Adler (1981), que formaban parte del grupo: ‘Cabe señalar que, aunque todas las demás pruebas orgánicas son negativas, esto no excluye la posibilidad de que algunas de estas sustancias pudieran haber estado presentes en el tejido en el pasado y se hayan eliminado con el tiempo por oxidación, degradación, etc.’”.

De este modo, Moraes hace creer al lector que Heller y Adler, en su artículo, admiten que la imagen pudo haberse formado a partir de pigmentos que se perdieron con el tiempo. Por lo tanto, se trataría de una imagen fabricada artificialmente.

Pero veamos cómo continúa el texto de Heller y Adler: “Por ejemplo, la posible presencia de grasas o aceites se verificó aplicando los reactivos estándar de yodo (IBr, ICl) de Hanus y Wij. Se observó que las soluciones diluidas de dicho agente no eran liberadas por las fibrillas amarillas, lo que demuestra que los ácidos grasos insaturados no están presentes actualmente en las fibrillas. Esto no excluye su posible presencia en el pasado y su pérdida por peroxidación lenta. Esto también se aplicaría a los restos de Saponaria”.

Heller y Adler buscaban grasas, aceites y saponaria porque estaban verificando la hipótesis de que la imagen había sido provocada por el sudor corporal y los perfumes en solución oleosa con los que podrían haber tratado el cadáver o la Sábana Santa. No un pigmento de un artista.

Pero Moraes es tan descarado que intenta citar de forma inapropiada incluso a los autores (Casabianca, Marinelli, Pernagallo y Torrisi) de la refutación del radiocarbono publicada en Archaeometry en 2019. De hecho, escribe: “En relación con el estudio del carbono 14 que los autores critican y citan, un pasaje escrito por ellos (Casabianca et al. 2019) aclara muy bien que la datación realizada en los años 80 no debe descartarse: ‘Nuestros resultados estadísticos no implican que deba excluirse la hipótesis medieval sobre la edad de la muestra analizada’”.

Con esto, Moraes quiere hacer creer al lector que, al final, admitimos que la Sábana Santa es medieval.

Sin embargo, exponemos ahora el contexto y el significado de nuestra afirmación. No estamos hablando de toda la Sábana Santa, sino de la muestra analizada. Una muestra de solo tres centímetros que resulta medieval porque está remendada y contaminada, con una diferencia de unos 150 años entre un lado y otro. En este estudio también escribíamos: “Esta variabilidad de las dataciones por radiocarbono de Nature en pocos centímetros, si se extrapola linealmente al lado opuesto de la Sábana Santa, daría lugar a una datación en el futuro”. Y concluimos: “Las mediciones realizadas por los tres laboratorios en la muestra de la Sábana Santa de Turín adolecen de una falta de precisión que compromete seriamente la fiabilidad al 95% del intervalo 1260-1390 d. C. Los análisis estadísticos, corroborados por el material extraño detectado por los laboratorios, muestran la necesidad de una nueva datación por radiocarbono para calcular un nuevo intervalo fiable. Esta nueva prueba requiere, en una investigación interdisciplinaria, un protocolo sólido. Sin este nuevo análisis, no es posible afirmar que la datación por radiocarbono de 1988 proporcione ‘la prueba definitiva’ de que el intervalo de edad es preciso y representativo de todo el tejido”.

El torpe y penoso intento de Moraes, que trata de justificarse sin ninguna honestidad científica, hace aún más inconsistente su pretensión de demostrar que la Sábana Santa es falsa. No es el primero y no será el último. La Sábana Santa molesta a quienes quieren deshacerse de esa incómoda presencia que interroga y perturba a quienes no quieren admitir su autenticidad para no encontrarse con Cristo en su vida.