FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

El amor que se convierte en morada

Vendremos a él y haremos morada en él (Jn 14,23)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»

Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

(San Juan 14, 21-26)


Jesús vincula el amor a la escucha concreta: no es un sentimiento abstracto, sino fidelidad a su palabra. Quien ama se convierte en un espacio habitado por Dios, un lugar de relación viva. La promesa del Espíritu abre a una presencia continua que ilumina y guía. No es un espectáculo para el mundo, sino una intimidad transformadora para quien la acoge. ¿Vives tu fe como escucha concreta o solo como ideal abstracto? ¿Dejas que el Espíritu Santo oriente tus decisiones cotidianas? ¿De qué manera?