Teresita, la especial misionera para niños y sacerdotes
Hace dieciséis años nació Teresita, una niña originaria de Rusia y adoptada por un matrimonio español, que falleció en olor de santidad en 2021 a causa de un cáncer y tras haber sido nombrada misionera de la Iglesia católica. Decía: «Estoy enamorada de Jesús». Entrevista a su madre adoptiva.
El 11 de agosto, hace dieciséis años, nacía en Siberia una niña que ya se ha ido al Paraíso y que está destinada a seguir dando mucho que hablar: María Teresa Castillo de Diego (2010-2021), a la que todos llamaban simplemente Teresita. Un nombre y un apellido españoles, ya que sus padres adoptivos, Eduardo y Teresa, son españoles y adoptaron a la pequeña cuando tenía tres años. La vida terrenal de Teresita fue breve: regresó a la casa del Padre a los diez años y medio, víctima de un tumor en la cabeza. Pero en sus diez años y medio aquí abajo, esta niña dejó una huella imborrable, anunciando a Jesús tanto en la alegría como en el sufrimiento.
Su fervor en la fe le valió además un récord singular: el 11 de febrero de 2021, en pleno calvario, Teresita se convirtió en la misionera más joven de la historia, constituida oficialmente como tal por el agustino Ángel Camino Lamelas, vicario episcopal en Madrid. Sobre todo, su testimonio ha llegado a medio mundo, haciendo redescubrir —en su esencia— el significado de la misión. La Nuova Bussola Quotidiana/Brújula Cotidiana ha entrevistado a Teresa de Diego, la madre adoptiva de la niña (en la foto de abajo, juntas, dos meses después de la adopción).
Usted y su marido, Eduardo, adoptaron a Teresita cuando tenía tres años. ¿Fueron ustedes quienes le transmitieron la fe por primera vez o la niña procedía ya de un entorno cristiano?
En la casa-cuna donde vivió Teresita en Siberia (Rusia) hasta los 3 años, nos dijeron que había sido bautizada cristiana ortodoxa. Ese bautizo es válido para los católicos. Sin embargo, no nos dieron ningún documento que certificara su bautismo. Al consultarlo con nuestro párroco, nos indicó que, ante la duda y al no existir un certificado de bautismo, convenía bautizarla bajo condición. La bautizamos el 2 de agosto de 2014, día de Nuestra Señora de los Ángeles, con el nombre de María Teresa de los Ángeles.
¿Qué nos puede contar sobre la práctica religiosa de Teresita?
Su vida de fe era algo muy natural en ella. Venía a Misa con nosotros, que vamos a diario y daba la paz a todo el mundo en la iglesia. Después, como es costumbre en mi parroquia, pasaba a la sacristía para que el párroco le diera la bendición y un caramelo. Siempre que asistíamos a Misa en cualquier iglesia, ella pasaba a saludar al sacerdote. Por la calle les decía a los vecinos y a quienes se encontraba: “Me voy a Misa”.
Iba a un colegio religioso de monjas (Hijas de Santa María del Corazón de Jesús).
Por la noche, rezaba oraciones sencillas de los niños: “Angel de mi guarda…”, “Cuatro esquinitas tiene mi cama...”. Se inventó de muy pequeña una oración: “Santa Teresa, cuida a María y Jesús”. Ya más adelante, rezábamos un misterio del Rosario por la noche. Tenía mucha sensibilidad religiosa. También en mi parroquia, cuando Teresita tenía 9 años, empezamos a tener adoración eucarística para niños una vez al mes, Teresita la disfrutaba mucho. Con sus primos en vacaciones íbamos a Misa a diario y rezábamos todos juntos el Rosario por la noche.
Después de su fallecimiento he sabido que preguntaba a compañeros del colegio y a alguna señora de la parroquia: “¿Tú eres amigo de Jesús?”. El día de su primera comunión, 18 de mayo 2019, fue muy especial. Estaba luminosa. Le pregunté qué había sentido al recibir su primera comunión y me dijo: “Sentí que Jesús me quería y me amaba y me invitaba al Cielo”.
¿Puede contarnos algo sobre su relación con ella, como padres adoptivos? ¿Qué sentimientos les manifestaba?
Daba mucha alegría. Era graciosa y a la vez nos reía a nosotros las gracias. Nos daba mucha vida al ser tan sociable y alegre. Estaba pendiente siempre de todo y de todos. Era muy niña; era feliz en un parque, jugando, con una pelota… y también se le iba el corazón detrás de la gente. Era muy cariñosa. Cuando venía alguien a casa, corría a la puerta para recibir con mucha alegría e ilusión a nuestro visitante. “Tenía un saludo natural” decía mi madre. Es decir, saludaba muy bien a la gente, con cariño y llamándoles por su nombre. Yo he visto a alguna señora emocionarse en la calle por la manera como ella les saludaba, quizás estas señoras por ser mayores se sienten invisibles para el mundo y el cariño que ella les transmitía les movía por dentro. Era entusiasta y fuerte. Disfrutona. En el colegio tenía algunas dificultades, probablemente por su retraso evolutivo y también por las secuelas del tumor, pero nunca perdía el ánimo. A las monjas les llamaba la atención que nunca se quejaba de ningún dolor. En el hospital los cirujanos nos dijeron que era muy fuerte. Y una enfermera del hospital donde estaba ingresada, nos comentó que en todos los años que llevaba en Pediatría, nunca había conocido a una niña como ella. Por la noche le decía “muchas gracias por cuidarme”. Siempre estaba llena de alegría. También se detenía con los mendigos. Tenía una manera muy especial de acercarse a las personas.
¿Cómo afrontó el inicio y luego todo el curso de la enfermedad hasta su muerte?
Le diagnosticaron un tumor en el tálamo en noviembre de 2015, cuando tenía cinco años. Afrontó la enfermedad con alegría. La operaron para extirpar el mayor volumen posible del tumor y recibió quimioterapia. Hizo una vida prácticamente normal. La etapa final comenzó con su ingreso el 2 de enero de 2021. No pudo volver a casa para celebrar los Reyes Magos pero disfrutó de ellos en el hospital. La pandemia de Covid hizo especialmente duro el aislamiento y la comunicación con los médicos. Empezó a sufrir fuertes dolores de cabeza y ofrecía su sufrimiento por distintas intenciones, viviendo su vocación misionera.
Su estancia en la UCI fue especialmente dolorosa. La válvula que le implantaban se obstruía repetidamente y necesitó varias intervenciones. Nos sentimos muy sostenidos por la oración de muchísimas personas. Cada día rezábamos el Rosario por videoconferencia con otras familias. El 7 de marzo los médicos nos comunicaron que le quedaban pocas horas de vida. Un sacerdote la bendijo y le susurré que pronto llegaría al Cielo y vería a mucha gente querida y a los niños por los que había rezado y ofrecido sus sufrimientos.
A pesar de ser solo una niña, Teresita conocía a varios santos, los tenía como “amigos”. Pero, ¿qué papel desempeñaron los santos en la vida terrenal de Teresita?
Tenía muy presente a los santos en su vida; tanto por lo que le contaban las monjas en su colegio y nosotros en casa, como por las historias que escuchaba en la adoración eucarística para niños y por películas que veía sobre ellos. Por ejemplo, en la adoración eucarística conoció la vida de Carlo Acutis. Cuando ingresó por última vez en el hospital, el 2 de enero de 2021, soñó con su abuelito, que había fallecido un año antes. También me contó que le había preguntado a Dios si podía ver a Carlo Acutis. “¿Y pudiste verlo?” le pregunté, me respondió que sí. Las monjas de su colegio nos preguntaron si queríamos pedir a algún santo en particular por la sanación de Teresita; como justo había soñado con Carlo Acutis, yo les dije que rezaran a él. Al día siguiente, le dije a Teresita: “Las monjas me han preguntado a qué santo rezar por ti” e incluso antes de que terminara la pregunta me dice Teresita: “¡Perpetua!” pero le respondí que ya les había dicho a las monjas que rezaran a Carlo. Me llamó mucho la atención que la niña me dijera que rezáramos a Perpetua. Ella había visto muchas veces unos dibujos sobre esta santa. Providencialmente, Teresita falleció el día de santa Perpetua.
Durante su ingreso, muchas personas nos hicieron llegar reliquias de distintos santos, entre ellas de Gema Galgani, Carlo Acutis, Teresita del Niño Jesús y el Padre Pío.
¿Puede contarnos el momento en el que Teresita se convirtió oficialmente en misionera?
Durante su último año de vida nos dijo varias veces que quería ser misionera. El 12 de diciembre de 2020, día de la Virgen de Guadalupe, con un grupo de oración de familias dijo con gran convicción delante de todos: “Quiero ser misionera ¡ya!”. Ese mismo año nos dijo en un par de ocasiones: “Estoy enamorada de Jesús”. El 11 de febrero de 2021, día de la Virgen de Lourdes y del enfermo, cuando estaba en la UCI entre operaciones, vinieron a darle la unción de los enfermos a Teresita, como siempre lo habían hecho antes de cada operación. Esta vez, como era una festividad especial, vino el representante del obispo, el vicario de la Vicaría VIII de la archidiócesis de Madrid, D. Ángel Camino Lamelas a impartírsela y a darle la Comunión. Teresita estaba más delicada y ya no tan habladora como otras veces. Le dije a la niña: “Dile al señor vicario qué te gustaría ser de mayor”, ella dijo que misionera. Luego le recitó muy bien la oración de Oh Señora mía.
D. Ángel quedó muy conmovido y le dijo que le iba a nombrar misionera y le iba a dar un diploma para acreditarlo y se lo haría llegar al hospital por la tarde. No sabíamos que él volvería en persona a traérselo por la tarde y además una cruz de misionera. Teresita se puso muy contenta y le mandó un mensaje a su padre: “¡Ya soy una misionera de verdad!”. Fue muy emocionante.
¿Qué significaba para Teresita ser misionera?
Al día siguiente de su nombramiento como misionera, le pregunté a Teresita, aunque no sabía si me iba a contestar por lo malita que estaba, si me podía decir por qué quería ser misionera para contárselo a los niños de catequesis de la amiga que me lo había pedido. Y esto es lo que respondió a mis preguntas:
- “¿Por qué quieres ser misionera?” - “Porque así estoy más cerquita de Jesús y me siento más santa. Y porque quiero llevar a los demás con Jesús y quiero llevar a los niños que no lo conocen con Jesús para que vayan al Cielo felices para siempre, siempre“.
- “¿Qué significa ser misionero?” - “Ser misionero es para llevar a la gente al Cielo.”
- “Y tú ¿qué haces cómo misionera?” - “Hablar de Jesús siempre y dar alegría y estos días que he estado malita lo he estado ofreciendo por gente, por ejemplo por alguien que esté malito, por los sacerdotes”.
- “¿Qué les dirías a los niños para animarles a ser misioneros? -“ Ser feliz, siendo amigo de Jesús y estar siempre junto a Él”.
Han pasado ya más de cinco años desde la muerte de Teresita. ¿Qué legado deja a los niños y, en general, a la Iglesia?
El legado de Teresita está sobre todo en su definición de misionero: “Dar alegría y estar feliz siendo amigo de Jesús”. Ella alimentaba ese amor en la Eucaristía y en su relación interior con Él. Lo transmitía en su alegría, en su inmenso cariño hacia las personas a las que quería sin distinción y esto hacía que muchas se acercaran a Dios. También en el ofrecimiento de su sufrimiento y todo el desprendimiento que supusieron sus últimos días.
Un sacerdote me dijo que el ejemplo de Teresita le había ayudado a renovar su vocación sacerdotal. Una misionera que trabaja en el Congo y Camerún dice que desde que escuchó su historia, le pidió a Teresita que le acompañara en su misión y siempre está con ella. Monseñor Esquerda Bifet, reconocido teólogo, misionero y formador de generaciones de sacerdotes, nos escribió y nos dijo que “con Teresita comprendía mejor la teología, la vivencia y la acción misionera”. El Padre Rufino María Grández, OFMCap, escribió dos preciosos poemas sobre Teresita.
Teresita ha tocado el corazón de mucha gente que se encomienda a ella y está deseando ayudarnos a ser misioneros.
Como dice su abuela Teresa, “Teresita te hacía sentir como si fueras única, con un amor exclusivo y eso creo que debe ser el Amor de Dios hacia cada uno de nosotros”.

