San Romano de Condat por Ermes Dovico

Santos Nabor y Félix

Fueron dos soldados bereberes que abrazaron la fe cristiana después de llegar a Italia; ambos sufrieron el martirio bajo Diocleciano

Santo del día 12_07_2020 Italiano English

Los santos Nabor y Félix († 303) fueron dos soldados bereberes que abrazaron la fe cristiana después de llegar a Italia; ambos sufrieron el martirio bajo Diocleciano. San Ambrosio (340-397) exaltó sus virtudes en el himno Víctor, Nabor, Felix pii, dedicado también a san Víctor, su compañero de armas, al que se le conmemora el 8 de mayo. Se puede encontrar más información sobre los dos mártires que se celebran hoy en una Passio posterior a la época del santo obispo de Milán.

Nabor, Félix y Víctor procedían de la provincia romana de Mauritania (que no debe confundirse con el estado actual de Mauritania), en el norte de África. Su conversión al cristianismo tuvo lugar en Milán, donde Maximiano, amigo de Diocleciano y Augusto de Occidente, había establecido su capital. Al comienzo de la Gran Persecución (303-305), los dos emperadores ordenaron la depuración del ejército. Así que Nabor, Félix y Víctor desertaron ya que no querían negar al verdadero Dios, al que habían descubierto recientemente, y por el que habían sido renovados íntimamente. Los tres fueron capturados y condenados a ser decapitados.

Nabor y Félix fueron ejecutados en Laus Pompeia, hoy Lodi Vecchio, donde había una numerosa comunidad cristiana. Sus cuerpos fueron recuperados por santa Sabina, quien luego los trasladó en secreto a Milán. Allí, san Materno les dio digna sepultura. Cuando las persecuciones terminaron y comenzaron a construirse las hermosas basílicas paleocristianas, las reliquias de los dos mártires se colocaron dentro de la basílica llamada «Naboriana». El 17 de junio de 386, gracias a una excavación ordenada por san Ambrosio, se encontraron los cuerpos de los santos Gervasio y Protasio frente a las puertas de esta iglesia. Estos fueron trasladados al día siguiente a la Basílica Martyrum (hoy Basílica de san Ambrosio).

En el siglo XIII, la Basílica Naboriana fue otorgada a los franciscanos, quienes la reestructuraron y ampliaron hasta que se incorporó a la nueva iglesia de San Francisco el Grande. A lo largo de los siglos, esta última se convirtió en la segunda iglesia más grande de Milán, solo superada por el Duomo. Antes de su demolición (que tuvo lugar en 1806) albergaba auténticas obras maestras encargadas por los frailes, como la Virgen de las Rocas de Leonardo da Vinci.