Santos mártires chinos

El calendario litúrgico de hoy conmemora el heroico testimonio de un gran número de mártires, que se hicieron imitadores de Cristo crucificado para proteger su don más grande, la fe

Italiano English

El calendario litúrgico de hoy conmemora el heroico testimonio de un gran número de mártires, que se hicieron imitadores de Cristo crucificado para proteger su don más grande, la fe, derramando la sangre con la que se ha construido la Iglesia china. En particular se recuerdan 120 mártires, niños y adultos de todas las condiciones sociales, de 9 a 79 años. Fueron asesinados y beatificados en diferentes épocas, pero fueron proclamados santos, todos juntos, el 1 de octubre del año 2000 por san Juan Pablo II quien, en su homilía, exaltó «el esplendor de la santidad de estos hijos e hijas de China».

Ochenta y siete de estos gloriosos mártires eran chinos, mientras que 33 eran misioneros provenientes de diferentes naciones. Religiosos y laicos, catequistas, seminaristas, sacerdotes, monjas y obispos, padres y madres de familia, hasta simples niños. Como, por ejemplo, Anna Wang, de catorce años († 22 de julio de 1900), que rechazó los intentos de los perseguidores de hacerla apostatar y, preparándose para la decapitación, con el rostro radiante les dirigió su último llamamiento para que eligieran a Dios: «La puerta del cielo está abierta a todos», dijo Anna, susurrando posteriormente el nombre de Jesús en tres oportunidades. Durante el mismo período, particularmente cruento y caracterizado por el mayor número de mártires reconocidos, Chi Zhuze, de 18 años, regresaba a la casa del Padre († junio-julio de 1900). Él continuó profesando su fe en el Resucitado, incluso después de sufrir el corte de su brazo derecho y mientras sus verdugos se preparaban para desollarlo vivo: «Cada pedazo de mi carne, cada gota de mi sangre, os repetirá que soy cristiano».

Sin embargo, las persecuciones habían comenzado mucho antes del siglo XX, desarrollándose a lo largo de varias oleadas y alternando con períodos de libertad de culto. La Iglesia ha reconocido al sacerdote dominico español Francisco Fernández de Capillas como el protomártir de China, quien fue encarcelado y torturado primero, y luego decapitado por los tártaros manchúes el 15 de enero de 1648, mientras recitaba los misterios dolorosos del Rosario junto a otros fieles.

El principal del grupo en el Martirologio es, a su vez, Agustín Zhao Rong († 1815), el primer sacerdote de nacionalidad china cuyo martirio ha sido comprobado. Antes de su ordenación sacerdotal, Zhao era guardia de prisión. Cuando tenía unos 26 años fue llamado a vigilar a los cristianos encarcelados. En esta ocasión, conoció a un sacerdote muy paciente que, incluso en prisión, continuaba hablando con gran amor sobre las verdades de la fe. Zhao quedó impresionado y se convirtió. Recibió el Bautismo y la Confirmación el 28 de agosto, festividad de san Agustín, del cual tomó el nombre. Agustín Zhao ayudó a los misioneros a bautizar a los niños moribundos, víctimas de la hambruna. Se distinguió como un predicador, conmoviendo hasta las lágrimas a los compatriotas que lo escuchaban relatar la Pasión de Jesús. Fue capturado en el ámbito de las persecuciones derivadas de los edictos del emperador Kia-Kin. Murió mártir, después de varios suplicios, en la primavera del año 1815.

Los 120 mártires recordados hoy son una pequeña parte de las personas que han testimoniado a Cristo con el don de la vida. De hecho, solo durante el llamado levantamiento de los Bóxers (noviembre de 1899 - septiembre de 1901), que surgió debido al resentimiento general contra la presencia extranjera y que condujo a un odio específico hacia el cristianismo, 32.000 cristianos chinos y 200 misioneros fueron asesinados. Entre ellos estaba el obispo Francesco Fogolla, quien se pasó en China más de treinta años y se negó a abjurar de Cristo. Al funcionario imperial que estaba a punto de golpearlo con la espada, monseñor Fogolla le dijo serenamente: «Nosotros no hemos hecho mal a nadie. Por el contrario, hemos hecho el bien a muchos».

La preciosa sangre de estos mártires continúa reviviendo la fe de los cristianos de hoy, entre los que se cuentan millones de católicos chinos que pertenecen a la Iglesia «clandestina», llamada así por estar prohibida por el régimen comunista. Bajo este régimen, a pesar del controvertido acuerdo del 22 de septiembre de 2018 entre el Vaticano y China, las persecuciones continúan y - con ellas - los verdaderos testimonios de fidelidad a nuestro Señor.

Italiano English