La grandeza que se necesita
El primero entre vosotros será vuestro servidor (Mt 23,11)
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
(San Mateo 23, 1-12)
Jesús desenmascara la hipocresía de quienes enseñan sin vivir lo que proclaman. La fe no es apariencia, ni búsqueda de prestigio, sino coherencia humilde. Ante Dios, los títulos y los honores caen: lo que queda es el servicio. La verdadera autoridad nace del amor que se hace cargo de los demás. Solo quien se humilla descubre la grandeza que viene de Dios. ¿Sabes elegir la humildad cuando podrías ponerte en el centro? ¿Buscas el reconocimiento de los demás o el servicio oculto que solo Dios ve? ¿Tus palabras coinciden con tus obras?
