San Pablo de la Cruz

«Es una cosa excelente y santísima pensar en la Pasión del Salvador y meditarla. Este es el medio para llegar a la unión con Dios», enseñaba san Pablo de la Cruz, fundador de los Pasionistas

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«Es una cosa excelente y santísima pensar en la Pasión del Salvador y meditarla. Este es el medio para llegar a la unión con Dios», enseñaba san Pablo de la Cruz (1694-1775), que un día se vio místicamente vestido con un hábito negro con una cruz blanca a la altura del pecho y el nombre de Jesús escrito en letras blancas.

Por esa visión se sintió inspirado a fundar una orden, que llamó Congregación de los Clérigos Descalzos de la Santísima Cruz y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, cuyos miembros son comúnmente llamados pasionistas (uno de los más ilustres, que llevará el hábito pasionista será, en el siglo XIX, san Gabriel de la Dolorosa). La regla, muy austera y aprobada por primera vez en 1741 por Benedicto XIV, prevé el compromiso en un cuarto voto que consiste, precisamente, en propagar la memoria de la Pasión, de la cual «como de una fuente, deriva cada bien».

Segundo de dieciséis hijos, junto a su hermano Juan Bautista solía erigir una cruz en los lugares en los cuales iba a predicar. Ambos hermanos no dudaban en flagelarse para inducir a los corazones más endurecidos a reflexionar sobre los sufrimientos de Jesús y su amor por cada persona. En su catequesis, junto a la caridad fraternal, es un elemento fundamental la constancia en la oración: «No os alteréis por la aridez que sentís en la oración, ni por las distracciones cuando son involuntarias. Es precisamente a través de este medio que Dios purifica el corazón, para que esté dispuesto a unirse, cada vez con más perfección, al Bien Supremo. […] Sobre todo, no dejéis nunca la oración». Para reavivarla, exhortaba a imaginarse en el Calvario y a dirigir cada pensamiento a Jesús crucificado. Del mismo modo aconsejaba afrontar las tentaciones, que «nos humillan, nos instruyen, nos purifican como el oro en el fuego» y «se vencen con humildad y el santo temor de Dios; el demonio tiene miedo de los humildes que desconfían de sí, les teme y huye de ellos».

En la Semana Santa de 1768 se propuso estar adoración un día entero. Fue entonces cuando el Señor le dejó impresos en el corazón los instrumentos de la Pasión, una estigmatización particular en la cual sintió «una mezcla de amor excesivo y de excesivo dolor». Amaba llamar a la Virgen con el título de «Reina de los mártires» por su participación en los dolores del Hijo: a Ella le confió la protección de la Orden. Con la ayuda de María Crucificada de Jesús creó la rama femenina. En la Regla de los pasionistas, hoy difundidos en los cinco continentes, Pablo dio gran importancia al estudio de la teología para el cuidado de las almas y, por ello, ordenó que en todas las escuelas de la Congregación se enseñara fielmente «la inconcusa doctrina» de santo Tomás de Aquino.

Para saber más:

La muerte mística, de san Pablo de la Cruz

Regla de los Pasionistas (texto del 1775, aprobado por Pío VI)

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