San Lucas Evangelista

Le debemos el tercer Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, que en el diseño de la Divina Providencia ocupan un lugar que no es casual. Sus reliquias están conservadas en gran parte en Padua, en la basílica abacial de Santa Justina

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Culto médico sirio de Antioquía, fue discípulo y colaborador de Pablo, que lo cita en tres de sus cartas. A san Lucas (c. 9-93) le debemos el tercer Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, que en el diseño de la Divina Providencia ocupan un lugar que no es casual. «También yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1,3-4), declara en el prefacio al Evangelio que Dios le ha inspirado, complementario a los textos de Mateo y Marcos - que había podido leer - y que dirige sobre todo a los que provenían del paganismo.

En ese prólogo, un unicum entre los evangelistas, Lucas expone, de hecho, su método de trabajo y su atención en recurrir a quienes han sido testigos oculares de la vida, muerte y resurrección de Jesús. El tercer Evangelio está lleno de detalles históricos y geográficos, como queriendo subrayar -en beneficio de la posterioridad - que la misión terrenal de Dios Hijo se desarrolló en tiempos y lugares precisos. Ejemplar en este sentido es el cuadro político-religioso que Lucas traza cuando habla del nacimiento del movimiento de Juan Bautista, el Precursor: «En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto» (Lc 3,1-2).

Además de acompañar a Pablo en varios de sus viajes (fue con él a Filipos, Jerusalén, Roma, Tróade, por citar solo algunos de los lugares mencionados en los Hechos), Lucas conoció ciertamente a algunos de los Doce, entre los cuales a san Pedro. Y es plenamente plausible que conociese en persona a la Virgen, de la cual el tercer Evangelio nos transmite las informaciones más completas, desde la Anunciación a la visita de Isabel, hasta la presentación de Jesús en el templo con la profecía de Simeón («y también a ti una espada te atravesará el alma») y su sucesivo hallazgo en el templo: el todo está narrado desde la perspectiva interior de María que «conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón». No por nada, algunos exegetas consideran que fue la Virgen en persona quien le transcribió el Magnificat.

Según la tradición, san Lucas fue el primer iconógrafo y a él se le atribuyen diversos cuadros de carácter sagrado, especialmente de la Virgen y el Niño. Sus reliquias están conservadas en gran parte en Padua, en la basílica abacial de Santa Justina.

Patrón de: artistas, médicos, pintores, escultores

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