San Hugo de Grenoble

El nombre de san Hugo de Grenoble (1053-1132) está vinculado a la Orden de la Cartuja, a cuya creación contribuyó, y a la Reforma gregoriana, que apoyó convencido

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El nombre de san Hugo de Grenoble (1053-1132) está vinculado a la Orden de la Cartuja, a cuya creación contribuyó, y a la Reforma gregoriana, que apoyó convencido. Llamado también Hugo de Châteauneuf, por el nombre del pequeño municipio en el que nació, en la antigua provincia francesa del Delfinado, desde muy joven se distinguió por su gran piedad y amor por la teología. En 1080, con apenas 27 años, el concilio provincial de Aviñón lo eligió obispo de Grenoble, a pesar de no haber sido aún ordenado sacerdote. Enviado a Roma con un representante papal, fue ordenado directamente por san Gregorio VII, que en esos años estaba llevando a cabo la obra reformadora de la Iglesia conocida con el nombre de “Reforma gregoriana”.

A su vuelta a Francia, Hugo inició su ministerio episcopal en la sede de Grenoble, de la que fue guía durante 52 años. Defendió los derechos de la Iglesia y emprendió una lucha decidida contra la simonía y el concubinato eclesiástico y, por tanto, en defensa de la belleza del celibato. Se sentía muy atraído por la vida monástica e intentó, dos años después de su nombramiento como obispo, renunciar a su cargo para entrar en los benedictinos de Cluny, pero Gregorio VII le pidió que permaneciera en su puesto. Y él obedeció.

En 1084 recibió a san Bruno y sus seis compañeros, que se dirigieron a él porque buscaban un lugar solitario en el que poder dedicarse a la contemplación de Dios alternando momentos de oración con momentos de trabajo. Fue precisamente Hugo, que había soñado con siete peregrinos «bajo un estandarte de siete estrellas» (¡el símbolo de los cartujos!), quien acompañó a los siete al valle del macizo de la Chartreuse (Cartuja), donde san Bruno y sus monjes fundaron el primer monasterio cartujo de la historia.

El propio Hugo, a veces representado con la cogulla por encima de los hábitos episcopales, iba a menudo a visitar a los monjes a la Gran Cartuja y, en la medida en que se lo permitía el ejercicio de su ministerio, intentaba seguir diariamente su modelo de vida. En otras ocasiones intentó ser dispensado de la guía de la diócesis para retirarse a un monasterio (fundó uno a 940 metros de altitud, que fue la base de la Orden de Chalais), pero los diversos papas que se sucedieron en la cátedra de Pedro durante su vida siempre le pidieron que siguiera guiando a su grey. Volvió a la Casa del Padre el 1 de abril de 1132 y, apenas dos años después, fue canonizado por Inocencio II el 22 de abril.

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