San Esteban Harding

En 1108 se convirtió en el tercer abad de Citeaux. Dedicó los 25 años que estuvo al frente de la abadía a la reforma de los libros litúrgicos, para adherirse más fielmente al espíritu benedictino. También trabajó en una escrupulosa revisión de la Vulgata

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Existe una pintura que nos permite comprender rápidamente cómo nació la Orden cisterciense, pues representa a san Esteban Harding (c. 1060-1134) junto con san Roberto de Molesmes y san Alberico de Citeaux, y la Virgen y el Niño en el centro. Antes de que la Providencia reuniera a los tres fundadores de los cistercienses, el inglés Esteban, nacido en el condado de Dorset, había tenido una juventud alborotada. Después de profesar los votos monásticos en la abadía benedictina de Sherborne, abandonó la vida religiosa en el período turbulento que siguió a la conquista normanda de Inglaterra. Primero se mudó a Escocia y luego a París, donde continuó estudiando. Arrepentido por haber abandonado la vida monástica, fue en peregrinación a Roma para obtener el perdón, acompañado por un joven clérigo con quien recitó, a lo largo del camino, todo el Salterio.

Durante el camino de regreso de esa peregrinación, Esteban y su amigo pararon en Borgoña, en la abadía de Molesmes, fundada en 1075 por san Roberto (c. 1029-1111). Este último esperaba alcanzar un equilibrio entre el modelo benedictino cluniacense y el eremítico, en nombre de una mayor austeridad y una revalorización del trabajo manual. Las ideas reformistas de Roberto despertaron el entusiasmo de Esteban y otros 20 monjes, todos ansiosos por observar de manera más estricta la Regla original de san Benito. El 21 de marzo de 1098, después de haber obtenido las autorizaciones necesarias, Roberto y sus monjes fundaron la abadía de Citeaux en un lugar pantanoso entonces llamado Cistercium: así nació la Orden Cisterciense.

Los inicios para los cistercienses no fueron sencillos. Roberto sólo pudo permanecer al frente del nuevo monasterio hasta julio de 1099, porque los monjes que se habían quedado en Molesmes apelaron a Urbano II pidiendo el regreso del fundador de su abadía. Mientras tanto, las cosas allí no iban bien. Por obediencia, san Roberto regresó a Molesmes, mientras que en Citeaux fue sustituido como abad por san Alberico († 1108/09), que dirigió a los cistercienses en los años más duros. La recién nacida orden corría el riesgo de derretirse como nieve al sol debido a la dificultad por atraer nuevas vocaciones. En esa etapa, Esteban Harding actuó como prior y en 1108 se convirtió en el tercer abad de Citeaux. El santo inglés dedicó los 25 años que estuvo al frente de la abadía (renunció un año antes de morir, ya enfermo) a la reforma de los libros litúrgicos, para adherirse más fielmente al espíritu benedictino. También trabajó en una escrupulosa revisión de la Vulgata.

En 1112 tuvo lugar un hecho de enorme importancia para el futuro de la orden: Esteban acogió en el monasterio a un joven de gran fe y personalidad, san Bernardo de Claraval (c. 1090-1153), que vistió el hábito cisterciense junto con una treintena de amigos y familiares. Gracias a la providencial llegada de nuevos monjes, Esteban pronto pudo ayudar a sus religiosos a constituir las «abadías primigenias», así se llaman las primeras cuatro abadías descendientes directamente de la casa madre de Citeaux, que son: La Ferté (1113), Pontigny (1114 ), Morimond (1115) y Clairvaux (1115), esta última fundada precisamente por Bernardo. Para garantizar la unidad de la orden, ya en rápida expansión y caracterizada por una ferviente devoción mariana, Esteban escribió la famosa Charta Caritatis. Este documento regulaba las relaciones entre la casa madre y todas las demás abadías-hijas, estableciendo que cada año el abad de Citeaux visitaría los varios monasterios y convocaría un Capítulo General, para preservar el carisma y velar por el cumplimiento de la disciplina. Un sabio modelo de gobierno interno que el IV Concilio de Letrán (1215) solicitará adoptar también para otras órdenes religiosas.

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