Renacer desde lo alto
El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios (Jn 3,5)
Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta:
«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».
(San Juan 3, 1-8)
Nicodemo busca a Jesús en la noche, señal de una fe aún tímida, aunque sincera. Jesús le invita a un cambio radical: no basta con comprender, hay que renacer en el Espíritu. Es un paso que trasciende la lógica humana y abre a la libertad de Dios, como el viento que sopla de forma impredecible y transforma interiormente. ¿Buscas la verdad aunque te cueste sacrificio? ¿Estás dispuesto a dejarte transformar por el Espíritu Santo? ¿Aceptas lo que no puedes controlar, sino solo acoger?
