San Ruperto de Salzburgo por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

Por sus frutos los reconoceréis

Aunque no me creáis a mí, creed a las obras (Jn 10,38)

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.

Él les replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».

Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».

Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».

Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.

Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».

Y muchos creyeron en él allí.

(San Juan 10, 31-42)


Jesús muestra que la verdadera identidad se revela a través de las obras. Aunque se le acusa —injustamente— de blasfemia, invita a contemplar las señales que el Padre ha realizado en él: es la armonía entre la palabra y la acción lo que revela la divinidad. ¿Eres capaz de reconocer a Dios en las obras cotidianas que te rodean? ¿Has aprendido a juzgar a las personas por lo que hacen en lugar de por lo que dicen?