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Pfizer, fin de la experimentación: ok político, pero no científico

Ahora está claro que cuando se trata de vacunas, el tema ya no es médico-científico, sino exclusivamente político. Como lo demuestra el visto bueno de la FDA para la vacuna Pfizer, que ahora ya no será experimental. El frente pro-vacuna se regocija, pero quiere decir que hasta ahora lo era y sobre todo que las demás siguen siendo experimentales. Pero sobre la decisión de autorizar la vacuna de Pfizer, quedan grandes e importantes dudas, expresadas en prestigiosas revistas médicas como el British Medical Journal. Le contamos cuáles.

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El comunicado de prensa emitido el otro día por la FDA, (Food and Drug Amministration) la agencia que regula la distribución de medicamentos en los Estados Unidos causó bastante revuelo. El anuncio es que Comirnaty, la vacuna experimental de Pfizer es la primera vacuna anti-Covi-19 oficialmente aprobada. La noticia fue recibida con júbilo por los exponentes del frente pro-vacuna e inmediatamente, de parte del experto Crisanti, llegó un corolario: ahora la vacuna puede ser obligatoria.

Francamente, no se ve la conexión lógica. El hecho de que un medicamento o vacuna esté autorizado por una agencia de control no significa que deba ser obligatorio. Hay decenas de vacunas autorizadas pero que no son obligatorias.

Ya está claro que cuando se habla de vacunas, el tema ya no es médico-científico, sino exclusivamente político.

Y como la guerra es la continuación de la política por otros medios, y ahora vivimos en un clima de militarización del pensamiento, la autorización de Comirnaty se utilizó de inmediato como arma psicológica contra las personas que hasta ahora han elegido libremente no vacunarse, apelando también al hecho de que estas vacunas se habían introducido de forma experimental y que, por tanto, nadie podía ser obligado a actuar como conejillo de indias en un ensayo farmacéutico. Sin embargo, los virólogos del régimen siempre han negado la naturaleza experimental de la vacunación, y más recientemente Bassetti.

En cambio, ahora un organismo nacional estadounidense dice oficialmente que las vacunas administradas hasta ahora eran experimentales, mientras que al momento una, y solo una, ha sido autorizada. Como decíamos, la noticia hizo que los partidarios del “vacunemos a toda costa”, desde los grandes medios de comunicación hasta el último de los conejos del teclado que se volvieron locos en Facebook, se dejaron llevar por el regocijo, sin percatarse que el comunicado de prensa de la FDA confirma indiscutiblemente lo que desde hace tiempo se trataba de hacer entender a la gente, a saber, la naturaleza experimental de la vacuna. Carácter que, sin embargo, para la FDA debe permanecer en parte. La aprobación, de hecho, se refiere a personas mayores de 16 años. Por lo tanto, los padres de menores aún tendrían todo el derecho a rechazar una vacuna oficialmente experimental para sus hijos.

Y el carácter experimental también queda para una posible tercera dosis: otro detalle muy importante descuidado por quienes inmediatamente dieron lugar a una vacuna autodenominada obligatoria a partir de la información de la FDA, que -repetimos- sigue siendo una elección política y no médica.

Sobre la decisión de autorizar igualmente la vacuna Pfizer, sin embargo, quedan grandes e importantes dudas, que en los últimos días se han expresado en prestigiosas revistas médicas como el British Medical Journal. El científico Peter Doshi, editor senior de la revista, en un artículo publicado inmediatamente antes de la rápida aprobación de la FDA (AQUÍ la traducción en italiano), pedía que fuese liberada solo después de estudios adecuados, controlados con un seguimiento a largo plazo, y hacer que los datos estuviesen disponibles públicamente.

El artículo del profesor Doshi es sumamente interesante, porque analiza en detalle los datos que tenemos ocho meses después del inicio de la experimentación de la vacuna Pfizer. En particular, la atención del profesor se dirigió a los informes recientes del Ministerio de Salud de Israel, un país que solo ha utilizado el Comirnaty y por lo tanto puede ofrecernos una interpretación precisa de la efectividad de su efectividad. Bueno, según el gobierno israelí, a principios de julio la efectividad contra la infección y la enfermedad sintomática se había reducido al 64%. A finales de julio había caído al 39%.

Según las normas dictadas por la propia FDA, como por la EMA europea, no es posible autorizar una vacuna que tenga una eficacia inferior al 50%. Comirnaty está ahora definitivamente por debajo del nivel de autorización. Sin embargo, las autoridades israelíes han optado por administrar una tercera dosis, hipotizando (el condicional en un experimento es imprescindible) que esto aumenta el nivel de eficacia. Se necesitarán meses para conocer el resultado de esta prueba de campo.

Mientras tanto, debemos tomar nota seriamente, como afirma el profesor Doshi, del fenómeno de la inmunidad menguante. La disminución de la efectividad de la vacuna en un lapso de pocos meses hace que sea muy difícil lograr la inmunidad colectiva que los políticos quieren obtener a cualquier costo, incluidos los métodos coercitivos y punitivos. La disminución de la eficacia, dice Doshi, tiene el potencial de ser mucho más que un pequeño inconveniente: puede cambiar drásticamente el cálculo de riesgo-beneficio.

Pero ¿la FDA ha tenido en cuenta esta evidencia epidemiológica? Parece que no. Se suponía que la FDA exigiría a las empresas que completaran el seguimiento planificado de dos años para la experimentación, hasta 2023, como se planeó originalmente. Debería haber exigido estudios adecuados y controlados utilizando resultados de pacientes en la población ahora sustancial de personas que se han recuperado de Covid, pero eso no ha sucedido. La autorización se produjo por un golpe político de varita mágica, y entre otras cosas por una sola vacuna.

El otro producto de ARNm permanece bajo juicio, al igual que las dos vacunas de vectores virales de Johnson & Johnson y AstraZeneca. Lo tengan bien presente los responsables de la toma de decisiones, pero también la opinión pública aplastada entre la desinformación oficial, el terror provocado y la creciente resignación.

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