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PORNOTEOLOGÍA

Orgasmos y genitales: afloran más textos “calientes” de Fernández

“La pasión mística”, el libro “oculto” del Prefecto de la Doctrina de la Fe que tanto revuelo ha causado recientemente, no es solamente un error juvenil. Después de 1998, hay otros tres libros de “Tucho” que contienen capítulos cuestionables. 

Ecclesia 24_01_2024 Italiano English
Cardinal Fernandez

No sólo existe “La pasión mística”. Aunque el cardenal Víctor Manuel Fernández haya intentado calificar como “un único error de juventud” el libro de 1998 de contenido picante, la realidad es que basta echar un vistazo a su bibliografía completa para darse cuenta de que no es así. Tras el revuelo causado por la difusión de algunos capítulos escabrosos de la obra escrita cuando tenía 36 años, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe se había defendido en una conversación con el portal de noticias InfoVaticana alegando que había bloqueado el libro inmediatamente después de su publicación y había pedido que no se reeditara por miedo a ser malinterpretado.

Todo lo contrario, La Brújula Cotidiana ha descubierto que Fernández siguió hablando de orgasmos y genitales en ensayos teológicos incluso después de 1998. En 2004, de hecho, en la obra “Para Liberarte de la Ansiedad y de la Impaciencia”, publicada por San Pablo, el actual prefecto retomó un concepto que ya había expresado en “La pasión mística”. Refiriéndose a la Palabra de Dios e  invitándonos a detenernos “en cada cosa, en cada persona, en cada pequeño placer, en cada actividad”, escribía en la página 13:

“Cuando todo nuestro ser se unifica en una sola dirección, entonces llegamos al verdadero encuentro, a la fusión, a la unión perfecta, aunque sólo sea por unos minutos. No se trata necesariamente de quietud física, porque esta experiencia también puede producirse en medio de la excitación de una actividad muy intensa. Esto ocurre, por ejemplo, en el orgasmo entre dos personas que se aman”.

El orgasmo místico también aparece en otro ensayo del –más que- cuarentón Fernández, “Teología espiritual encarnada: profundidad espiritual en acción”, también de 2004 y también publicado por San Pablo. En la página 212, Fernández abordaba el tema de la vida de pareja –pero  a diferencia de la cita anterior, contextualizándolo en el ámbito conyugal-, volviendo a proponer la tesis ya expuesta en 1998 de la presencia divina en el acto sexual en virtud del placer que provoca: “Los momentos de vida y gozo (también sexual) se experimentan como participación en la vida plena de la Resurrección”.

El teólogo argentino continuaba: “Esos momentos de placer compartido, con todo su potencial de comunicación, oblación y expresión amorosa, pueden ser preparados y luego agradecidos en momentos de oración compartida. No deben separarse de la relación con Dios como si fueran simplemente un ‘pecado permitido’. El misterio de la Encarnación, que hace del matrimonio un Sacramento, signo eficaz de la gracia que se consuma en la unión genital, muestra hasta qué punto Dios, al hacerse hombre, entró también en la carne humana, convirtiendo la corporeidad en mediación de la gracia. Por eso, cuando la unión de los cuerpos ha sido una verdadera expresión de amor, debe celebrarse en la oración”.

En un párrafo titulado “Detenerse”, en la página 86, Fernández invitaba a los lectores a seguir el ejemplo de Jesús, que era capaz de detenerse ante cualquier ser humano con toda su atención, y dio algunos consejos prácticos sobre cómo relajar el cuerpo para detenerse mejor. El ejercicio recomendado por el actual prefecto consistía en prestar “atención plena a un órgano a la vez”. No se trata –explica Tucho- de ‘pensar’ en ese órgano, imaginarlo o visualizarlo. Se trata más bien de ‘sentirlo’, de percibirlo con sensibilidad. Se trata de experimentar las sensaciones de cada órgano con calma, sin juzgar si esas sensaciones son buenas o malas, sino intentando que ese órgano se relaje y se desconecte”.

Las indicaciones eran muy precisas e incluían una lista de órganos que el actual cardenal invitaba a “percibir”: “Es mejor hacerlo más o menos en este orden: mandíbula, pómulos, garganta, nariz, ojos, frente (y todos los pequeños músculos de la cara), cuero cabelludo, nuca, hombros, continuar con el brazo derecho, muñeca y mano derecha; brazo izquierdo, muñeca y mano izquierda. A continuación, la espalda. A continuación: pecho, estómago, cintura, caderas, pelvis, nalgas, genitales”. Hasta los pies. Según el teólogo argentino, estos ejercicios deben ayudar a pararse ante Dios. Tucho también revelaba los resultados: “En cualquier punto del cuerpo deberíamos captar alguna sensación (de calor, ardor, placer). Ninguna parte de la piel es insensible, aunque las sensaciones sean muy sutiles. Por último, es importante intentar captar la totalidad del organismo, tomando conciencia de todo el cuerpo y sintiéndolo durante un rato”.

La sensualidad en la que Fernández se detuvo en “La pasión mística” y en estos otros textos que hemos descubierto no falta en “¿Por qué no termino de sanarme?” (publicado en 2002 por San Pablo). En la página 10, en un párrafo titulado “Cuando la sensualidad me ofende”, el actual guardián de la ortodoxia católica argumentaba que “un cuerpo puede dejar su huella si lleva la ropa adecuada, una ropa que despierte la sensualidad acentuando las formas interesantes, según el cuerpo” y a continuación ponía algunos ejemplos: “La sensualidad de los hombros y brazos bronceados se acentúa llevando una camiseta”. Y también: “El cuello desnudo es más sensual si se le pone una cadena”. El teólogo argentino prosigue: “Si a esto le añadimos una cierta dosis de fantasía por parte del que mira, y en un momento de insatisfacción, cuando necesita emocionarse o disfrutar de algo, entonces un cuerpo puede aparecer como algo impresionante, maravilloso, imprescindible”. En opinión de Fernández, el gusto personal por un determinado tipo de rasgo físico cambiaría de una época a otra y no sería siempre el mismo: “En algunos momentos de mi vida me atraen ciertos tipos de encantos, pero en otro momento empiezan a atraerme otros detalles: en uno la sensibilidad del momento hace que me atraigan las manos finas, blancas, delicadas; en otros momentos me atraen más las manos carnosas y cálidas, y esas manos delicadas ya no me bastan”.

¿Qué hacer entonces? “La única manera de estar siempre satisfecho sería convertirse en un depravado y utilizar siempre a los demás y abandonarlos cuando ya no los necesite”, observaba el autor, sólo que a continuación invitaba a los lectores a confiar en su imaginación, que “puede hacer que lo que es limitado, como todas las criaturas de esta Tierra, parezca algo divino”, en referencia a la variabilidad del gusto personal por los cuerpos.

A diferencia de “Teología espiritual encarnada. Profundidad espiritual en acción”, “¿Por qué no termino de sanarme?” y “Para liberarte de la Ansiedad y de la Impaciencia” no figuran en la lista de publicaciones difundida por la Santa Sede con motivo de su nombramiento como Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe el pasado mes de julio. La misma suerte corrió el famoso “La pasión mística”, que era quizá el texto más llamativo, pero que por su estilo un tanto morboso parece estar en buena compañía en la bibliografía de Tucho Fernández.



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