Pentecostés por Ermes Dovico
LA ENTREVISTA

Müller: “Ni siquiera el Papa puede decidir bendecir a las parejas homosexuales”

“La bendición de parejas homosexuales es una herejía. Los obispos belgas no pueden legitimarlas remitiéndose a supuestas declaraciones del Papa. Aunque lo hubiera dicho, no es de su competencia cambiar la Revelación”. “El objetivo del Camino Sinodal alemán es convertirse en la locomotora de la Iglesia universal”. “Ir en contra del rito antiguo es absurdo”. “La Curia Romana no es el Estado Vaticano, su secularización es un error teológico”. De todo esto ha hablado el cardenal Müller con la Brújula Cotidiana.

Ecclesia 04_04_2023 Italiano English

Es difícil imaginar que el piso de Borgo Pio donde vivió Joseph Ratzinger hasta su elección en 2005 pudiera acabar en manos más adecuadas. Hoy, de hecho, el inquilino es uno de esos pocos prelados que podrían dirigirse a Benedicto XVI con un “tú” y al que el propio Papa alemán quiso en 2012 como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Ludwig Müller. La casa, de hecho, se presenta a los invitados como probablemente era durante los veintitrés años de estancia del que los enemigos llamaban despectivamente el panzerkardinal: llena de libros. La Brújula Cotidiana se ha reunido con él con motivo de la publicación en Italia de su libro dedicado al Papado, “Il Papa. Ministerio y missione”, que ofrece su punto de vista teológico sobre la misión del Sucesor de Pedro. Inevitablemente, la conversación nos lleva a la situación actual de la Iglesia.



Eminencia, ¿por qué ha calificado las palabras de Pío XI condenando el desarrollo de las Iglesias nacionales como “palabras verdaderamente proféticas, que conservan su sentido incluso en la confrontación actual con las reivindicaciones totalitarias impulsadas por los medios de comunicación”?
La Iglesia nacional representa una perfecta contradicción contra la voluntad de Dios de salvar a toda la humanidad y unificar a todos los hombres en el Espíritu Santo. No se puede reducir la fe a una sola nación, como hacen los ortodoxos con la autocefalia. Este es un principio no católico. Somos la Iglesia católica, es decir, universal, para todos los pueblos.



Es inevitable pensar en lo que está ocurriendo en “su” Alemania. ¿Teme que los resultados de la vía sinodal alemana contagien al próximo Sínodo sobre la sinodalidad?
Por supuesto que sí. Los promotores y partidarios de la vía sinodal alemana no quieren separarse de la Iglesia católica, sino que, por el contrario, quieren convertirse en su locomotora. Su agenda es conocida desde hace más de medio siglo y sigue siendo la del ZDK (Comité Central de los Católicos Alemanes, ed). No son la verdadera representación del laicado alemán, sino funcionarios que llevan décadas luchando contra el celibato sacerdotal, contra la indisolubilidad del matrimonio y a favor de la ordenación de mujeres. 



Estas propuestas se han presentado durante el proceso del Sínodo como la solución al problema de los abusos a menores cometidos por clérigos. La admisión de culpabilidad y la dimisión por la mala gestión de los casos por parte de los obispos alemanes que encabezaban el Camino, ¿acaso no han minado la credibilidad de esta narrativa?
La verdad es que en Alemania ha habido una gran instrumentalización de estos tristes sucesos cometidos por algunos sacerdotes para introducir una proyecto que ya existía antes y que no tiene nada que ver con esta tragedia. Pero, por otro lado, los grandes medios de comunicación en Alemania no hacen más que ensalzar los cambios de doctrina promovidos por el Camino Sinodal. Para ellos, lo único bueno en la Iglesia es la asamblea de Frankfurt, mientras que todo lo demás es vilipendiado y se utilizan los calificativos de conservador ¡o incluso fascista! La mayoría de la prensa alemana está a favor del Camino Sinodal no para mejorar la Iglesia, sino para destruirla. No es casualidad que hablen de casos de pederastia cometidos por sacerdotes mientras callan sobre los cometidos en el deporte, la universidad o la política, donde el porcentaje de delitos es aún mayor. Los que siempre han estado en contra del celibato sacerdotal y de la moral sexual de la Iglesia han encontrado ahora en la tragedia de los abusos a menores cometidos por sacerdotes un instrumento para destruir lo que siempre han querido destruir.

Siguiendo con el tema de la vía sinodal alemana, ¿ha escuchado usted la intervención del obispo de Amberes, monseñor Johan Bonny, que apoyó la causa de las bendiciones para las parejas homosexuales reivindicando el esquema que la Conferencia Episcopal Belga llevó a Roma? Según su versión, una presunta “autoridad vaticana” les ha dicho a los obispos que era su decisión e incluso el Papa les habría respondido con la frase: “Es vuestra decisión, puedo entenderlo”.
Hoy en día, los que tienen posiciones heterodoxas tratan de legitimarse haciendo referencia a supuestas declaraciones o entrevistas de Francisco. Pero de esta forma se extralimitan en sus competencias. En la historia ha habido muchos obispos herejes. Este esquema a favor de la bendición a parejas homosexuales es una clara herejía. Para legitimarlo no pueden referirse a un momento en que el Papa les hubiera dicho algo. Incluso si el Papa lo hubiera dicho, nunca pueden introducir la bendición de parejas del mismo sexo como si fuera un matrimonio. Es absolutamente imposible. No es competencia de ningún Papa cambiar la Revelación y la base de la moral cristiana y católica. Y mucho menos puede hacerlo una conferencia episcopal. Son actos contra la Iglesia.

¿Cree que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe debe intervenir para llamar al orden al obispo de Amberes?
Sí, debe intervenir.

Si usted fuera aún el prefecto, ¿habría intervenido?
Quizá ya no me quieren como prefecto precisamente porque habría intervenido [Risas, ed.]. Es el deber del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No se puede razonar sólo con una lógica política o diplomática. Ha llegado el momento de confesar la verdad.

En el libro sobre el Concilio Vaticano II ha escrito que “sólo puede haber una hermenéutica de la reforma y de la continuidad”. Hace unos días, para justificar las restricciones a la liberalización de la llamada Misa Tridentina, el cardenal Arthur Roche ha dicho que “la teología de la Iglesia ha cambiado”. ¿Cómo juzga usted estas palabras?
Como teólogo, no estoy contento con esta afirmación del cardenal Roche. La fe es siempre la misma. No podemos cambiar la fe. La teología se desarrolla, pero siempre sobre la base de la misma fe. El Concilio Vaticano II no ha cambiado la fe sobre el sacramento de la Eucaristía. La Eucaristía es la representación sacramental del sacrificio de Jesucristo, la presencia real de Jesucristo. Sólo las formas litúrgicas se han desarrollado a través de esta buena idea de la participación activa de todos los fieles. La forma externa de la liturgia se ha desarrollado, pero no hay cambios sustanciales. Creo que, para poder hablar al respecto, habría que hacerlo con un conocimiento profundo de la teología del desarrollo de la misa y de la liturgia. Los grandes Concilios sobre la Eucaristía -el Concilio de Trento y el Vaticano II- enseñan que nunca ha habido un solo rito en la Iglesia católica.
Entonces, ¿no considera que la llamada Misa Tridentina sea una amenaza para la unidad de la Iglesia?
No, como tal no. Hay algunos que dicen que ésta es la única forma ortodoxa y que la forma desarrollada después del Concilio Vaticano II no es válida. Son extremistas. Pero no se debe reaccionar para castigar de forma extremista a unos pocos extremistas, yendo contra la gran mayoría de estas comunidades que aman a la Iglesia, al Papa y las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Extremistas hay en ambos lados: por un lado, están los que dicen que la ortodoxia depende sólo del rito. Entonces, ¿los greco-católicos no tienen una misa verdadera? Esto es absurdo. Estas declaraciones públicas se hacen sin una reflexión profunda.

¿Aconsejaría al Santo Padre retirar las restricciones del rescriptum ex audientia firmado por el cardenal Roche?
Sería mejor aplicar la línea de Benedicto XVI, el mayor conocedor de la liturgia y también el mayor teólogo. La máxima autoridad de la Iglesia debe buscar siempre la reconciliación. Es necesaria una dialéctica que encuentre un camino hacia la paz. La Iglesia es en Cristo el símbolo de la unidad de la humanidad. Y añado una cosa más.

Adelante.
Estas comunidades asociadas a la llamada misa latina sufren el prejuicio de ser enemigas del Concilio Vaticano II. ¡Pero hay obispos en Alemania que niegan abiertamente el Vaticano II! Lo cuestionan o dicen que sólo representa una etapa del pasado. No aceptan la doctrina del Concilio.
¿Cuál es la reacción de Roma ante esto? ¿Por qué contra una parte se reacciona con toda autoridad, mientras que contra la otra -que, por ejemplo, promueve la bendición de parejas homosexuales- prácticamente no hay reacción?

En 2022 vio la luz la esperada reforma de la Curia Romana, que se impuso en las congregaciones previas al Cónclave de 2013. En el libro escribe que “cuando se espera un plan de expertos en política, finanzas y economía para reformarla, se erra el tiro”. Entonces, ¿está en desacuerdo con la novedad del Praedicate Evangelium que permitirá también a los laicos estar a la cabeza de los dicasterios?
Si se considera que el dicasterio es casi como una institución civil del Vaticano, el laico puede ser ministro. Pero la Curia Romana es diferente del Estado de la Ciudad del Vaticano. Es una institución eclesiástica. Hoy en día a las congregaciones se les llama “dicasterios” para evitar utilizar un término eclesiológico. Personalmente estoy en contra de la secularización de la Curia Romana. El jefe del dicasterio de comunicación puede ser un laico competente. Pero hay que distinguir claramente entre las instituciones de la Ciudad del Vaticano, que es un Estado y no puede gobernar la Iglesia. El Vaticano no tiene nada que ver con la Iglesia.

Para que quede claro: ¿un laico podría ser gobernador del Estado de la Ciudad del Vaticano mientras que no podría dirigir el antiguo Santo Oficio?
Exactamente. La base de la Curia Romana es el Colegio Cardenalicio. Hay una Curia Romana que sirve al Papa en su servicio a la Iglesia universal. Creo que quienes redactaron estas innovaciones no reflexionaron sobre todo esto. Nos hemos detenido en los escándalos financieros pero no hemos reflexionado lo suficiente sobre lo que es realmente la Curia Romana a nivel teológico. El Vaticano II habla de la Curia Romana pero como órgano eclesiológico: lo que toca a la Iglesia es tarea de nuestras congregaciones y del Papa como Papa, no como jefe de Estado.